Alejandro Gómez / / 22 de octubre del 2021

Cancelemos a Colón

Foto cortesía de Jorge Fernández Salas

De un tiempo a esta parte, cada 12 de octubre se convierte en un día de «cancelación». El término refiere a la cultura de acallar, ignorar o hacer desaparecer a aquel que piensa o hizo algo reprochable o alejado del patrón moral de la progresía de nuestros tiempos.

De alguna manera, nos convertimos en jueces del presente y el pasado. Quien no hace o dice lo que nosotros creemos que debería decir es sujeto de escarnio público. Ahora bien, no voy a hablar en esta columna de casos relacionados con personalidades «canceladas» que viven entre nosotros, sino de alguien que murió hace más de 500 años: Cristobal Colón.

Vandalismo alrededor del mundo

En el último 12 de octubre, hemos sido testigos de una serie de actos vandálicos, en diferentes partes del mundo, contra estatuas o monumentos que resaltaban la gesta del navegante genovés. El tema con los «canceladores» modernos nos remite quizás a épocas oscuras de la humanidad, como la de la Inquisición.

Precisamente, el progreso de la civilización se produjo cuando el pensamiento único dejó lugar a la confrontación de ideas, las cuales fueron expuestas al proceso de ensayo y error, que nos permitió ver cuál de ellas seguía en pie y cuál de ellas era reemplazada por una propuesta superadora.

Precisamente, el progreso de la civilización se produjo cuando el pensamiento único dejó lugar a la confrontación de ideas, las cuales fueron expuestas al proceso de ensayo y error, que nos permitió ver cuál de ellas seguía en pie y cuál de ellas era reemplazada por una propuesta superadora.

Así, las sociedades fueron evolucionando hasta llegar al presente. Las costumbres fueron cambiando, las formas de producir y trabajar progresaron, y las relaciones interpersonales también lo hicieron a lo largo de los siglos. Este proceso se ve reflejado en el cambio de miradas que existen hoy con respecto a opiniones y costumbres que teníamos hace 40, 50, 100 o 500 años. De este modo, lo que era normal en una época hoy sería visto como una aberración.

¿Cancelar el pasado?

El problema con los «canceladores del pasado» radica en tomar las costumbres y las convenciones del siglo XXI para juzgar hechos que sucedieron en un pasado remoto.

Como si ello no fuera lo suficientemente anacrónico, la cuestión se pone peor, cuando para hacerlo también se tergiversan los hechos de ese pasado con el objetivo de alimentar una agenda ideológica con claros fines políticos.

En los últimos años, Cristobal Colón fue uno de los blancos favoritos de estos grupos promotores de un pensamiento único, que no solo pretenden reescribir la historia, sino que además buscan silenciar a algunas figuras que no se adecúan a sus parámetros ideológicos.

Reinterpretar el pasado no es nuevo

La búsqueda de nuevas interpretaciones del pasado no es algo novedoso. Ello siempre existió y hasta podríamos decir que es algo saludable. La existencia de nuevas interpretaciones y nuevas miradas es algo natural en el proceso del descubrimiento histórico.

La novedad del fenómeno de «cancelación» radica en el ataque a monumentos o a la tergiversación total de los acontecimientos que se cuestionan, trastrocando los hechos sin el más mínimo pudor.

Se toma un hecho o un personaje histórico, y sencillamente se lo ataca con fundamentos morales fuera del contexto histórico en el que se produjeron las acciones, sin tener en cuenta las consideraciones de la época. Para este caso específico, el juicio de los Torquemada del siglo XXI sentenció que Colón fue un genocida.

¿Quién era Colón?

Veamos brevemente quién era Colón y qué hizo, para luego ver si esa acusación le cabría llegado el caso. A finales del siglo XV, Europa occidental estaba dejando atrás la Edad Media y una nueva corriente filosófica se abría paso con el nombre de humanismo.

Estos hombres comenzaban a poner el acento en la posibilidad de acceder a mayor cantidad de conocimiento, al tiempo que buscaban retomar el contacto con el mundo del Lejano Oriente, con el fin de restablecer un comercio más fluido con China e India.

La novedad del fenómeno de «cancelación» radica en el ataque a monumentos o a la tergiversación total de los acontecimientos que se cuestionan, trastrocando los hechos sin el más mínimo pudor.

Cristobal Colón era uno de tantos navegantes aventureros que formaban parte de esa legión de marinos. Para ese entonces, ya era sabido que la Tierra era redonda y solo bastaba decidirse a demostrarlo empíricamente por medio de la navegación.

¿Cuál fue el «pecado» de Colón? Haberse animado a intentarlo.

Luego de conseguir que la Corona de Castilla le financiara la expedición, se lanzó a la mar. Y por más que haya ido y vuelto cuatro veces, nunca supo que había descubierto un nuevo continente. Su objetivo era abrir nuevas rutas comerciales navegando hacia el oeste.

El objetivo de Colón no era la conquista

Colón era un navegante explorador tratando de probar que se podía llegar a Oriente navegando hacia Occidente. Su objetivo no era la conquista; de hecho, él viajaba a tierras que ya se sabían pobladas y exploradas por otros europeos antes que él.

En segundo lugar, nunca llegó a tierra firme en América; ello sucedería después de la muerte del almirante gracias a la expedición de Hernán Cortés en Yucatán.

Por lo dicho, podemos afirmar que tanto el descubrimiento como las muertes de aborígenes que sobrevendrían fueron un accidente, en el sentido que ninguna de las dos cosas estaban planeadas por Colón cuando emprendió su aventura desde el Puerto de Palos en 1492. El almirante no tenía la menor idea de la existencia del nuevo continente y la mayor parte de las muertes se produjeron por las epidemias que, como hemos visto, ni en el presente se puede controlar. No existió un plan de exterminio como se pretende hacernos creer en el presente.

El objetivo de Colón no era la conquista; de hecho, él viajaba a tierras que ya se sabían pobladas y exploradas por otros europeos antes que él. Además, nunca llegó a tierra firme en América; ello sucedería después de la muerte del almirante gracias a la expedición de Hernán Cortés en Yucatán.

Parece mentira que a esta altura de los acontecimientos haya que aclarar estas cuestiones. Lo que acabo de mencionar es evidente para cualquier persona que haya leído la historia sin prejuicios.

Obviamente, esta no es la lectura que hacen los promotores de la política de «cancelación» y el ataque a monumentos, ya que estos buscan imponer una visión única de la realidad alimentada por grupos de izquierda que rechazan el sistema capitalista y la filosofía liberal. Para ellos, Colón viene a representar el triunfo de la civilización occidental que desde 1500 en adelante propuso el rescate del individuo por sobre los privilegios de sangre o la estratificación social.

Para los progresistas/populistas, borrar a Colón de la historia es una forma de borrar el avance de entre los años 1500 y 2000, especialmente lo que sucedió desde la irrupción del sistema capitalista en 1800 que provocó el proceso de mayor crecimiento y enriquecimiento en la historia de la humanidad.

Los nuevos adversarios del capitalismo

Como los «canceladores» no lograron derrotar al capitalismo por medio del comunismo, se proponen el retorno a una América precolombina idílica en la que sus habitantes vivían en un paraíso terrenal comunitario.

Esta mirada también supone un desconocimiento total de la historia de la región. Las tribus dominantes sometían a las menos fuertes hasta que, eventualmente, las menos fuertes se convertían en dominantes y luego sometían a las que las habían sometido antes.

En lugar de «cancelar» y atacar monumentos, cada 12 de octubre deberíamos aprovecharlo para debatir y señalar aquello que nos parece mal o bien de todo el proceso de conquista española.

Este comportamiento no es exclusivo de los aborígenes, ya que es el que se vio a lo largo de la historia en todo el mundo. La historia de la humanidad es la historia del dominio del más fuerte. Esta política se ha aplicado en todo planeta, sin distinción de raza, religión o nacionalidad. El cambio en la mirada desde el presente —que se nos muestra crítica ante el uso y el abuso de la fuerza— es algo que recién empieza a plantearse a mediados del siglo XIX, aunque el proceso de adopción en todas las sociedades sigue siendo un camino que todavía se está recorriendo.

La conquista de América fue violenta, salvaje y cruenta. Estimo que nadie podría negar eso. Hubo abusos de todo tipo, como la imposición de una religión, un idioma y costumbres. Nada de ello fue consensuado con los aborígenes.

Sin embargo, hacia 1500, ese era el modo en que se hacían las cosas y, en algunos lugares, todavía se sigue haciendo así. En lugar de «cancelar» y atacar monumentos, cada 12 de octubre deberíamos aprovecharlo para debatir y señalar aquello que nos parece mal o bien de todo el proceso de conquista española.

Una reflexión final

Deberíamos reflexionar sobre sus causas y consecuencias, para poder entender mejor la sociedad en la que vivimos y, sobre todo, hacia dónde queremos ir. Para ello, debemos estar dispuestos a escuchar opiniones diferentes.

Quienes intentan «cancelar» a Colón atacando sus monumentos no conocen la historia y pretenden imponer un pensamiento único, que, lejos de enriquecernos, nos empobrece —no solo desde lo material, sino desde el ámbito del conocimiento—.

El progreso requiere de debates y confrontación; no es silenciando ni desapareciendo personajes históricos que la civilización avanza, sino dialogando y exponiendo nuestra visión sin restricciones ni amenazas.

El progreso requiere de debates y confrontación; no es silenciando ni desapareciendo personajes históricos que la civilización avanza, sino dialogando y exponiendo nuestra visión sin restricciones ni amenazas.

Quizás en lugar de derrumbar estatuas, estas personas podrían colocar una placa en el monumento en cuestión, en la cual expliquen cuál es su interpretación de los hechos, así los que se acerquen podrían ver dos versiones sobre el mismo personaje.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor. Las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la UFM.

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Alejandro Gómez

Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella, Master of Arts de la University of Chicago y Profesor de Historia de la Universidad de Belgrano en Argentina. Profesor visitante en la UFM.

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