Guatemala y Costa Rica: Una política sin norte

A inicios de este mes aparece una columna de opinión del politólogo, Constantino Urcuyo, en el periódico costarricense “La Nación”, que no solo llama la atención sino también a la reflexión. A lo largo de la exposición de sus argumentos pareciera que habla de Guatemala y su escenario político, económico y social: un país dividido, dirigentes con visiones cortoplacistas o con falta de las mismas, multipartidismo extremo y una actitud de rechazo a los partidos franquicia que inundan la vida política, electores en busca de un salvador -de preferencia alejado de la clase política tradicional-, sociedades cada vez más desiguales e incluso inseguridad que apremia al país. Es hasta el final de la columna que se comienza a vislumbrar que no se trata de Guatemala sino de Costa Rica cuando se menciona el clima previo a las elecciones presidenciales, a las cuales se someterán este año. Se hace evidente que la coyuntura costarricense no difiere sustancialmente de la guatemalteca previa a las elecciones de 2015.

Si bien es cierto que las pasadas elecciones en Guatemala se vieron influidas en gran medida por la renuncia y detención del binomio presidencial y otros funcionarios de alto rango, la poca confianza en los partidos políticos y la búsqueda desesperada de escapar de los políticos conocidos no se ausenta. Con lo anterior no se busca un consuelo a la situación guatemalteca cada vez más inestable o de falta de entusiasmo e involucramiento en la vida política, que se traduce incluso en la falta de gobernabilidad que atravesamos, la pérdida de interés de posibles inversionistas en el país. Esto se hace visible además una caída de seis puntos en el Índice de Competitividad Global publicado por el Foro Económico Mundial, colocando al país en el puesto 84. Lo que sí se busca es evidenciar con esta comparación es que la región atraviesa dificultades similares ya que, a pesar de que Costa Rica sea considerado un país en varios aspectos más avanzado -tales como la educación y la seguridad- y que se encuentre en el puesto 47 del índice anteriormente mencionado, su situación política no dista mucho.

Vale la pena entonces mencionar ambos países deben prestar más atención al multipartidismo extremo que ha venido persiguiendo sus elecciones y que los ha llevado a ser cada vez menos gobernables, y que resulta en incongruencias entre el posicionamiento ideológico de cada ciudadano y la manera en la que en realidad votan. Esto se refleja en las pasadas tres elecciones de cada país en las que es más curioso aún el caso de Costa Rica que el de Guatemala. Según los estudios anuales de la organización Latinobarómetro los costarricenses se han identificado como de izquierda, pero los binomios presidenciales electos han sido únicamente de derechas. En Guatemala por su parte, de las últimas tres elecciones en la única en la que ha coincidido la ideología de derechas que la mayoría de entrevistados considera ser parte de; es con la elección de Jimmy Morales y Jaffet Cabrera con el partido Frente para la Convergencia Nacional, profesamente de derechas. Esta incompatibilidad permite ver un reflejo de la manera en que los partidos franquicia o taxi, como les llama Urcuyo, han dejado desorientado al elector, lo cual en el caso de Guatemala podría acentuarse aún más debido a la falta de educación de la mayoría de los habitantes. Se cae en la pregunta, ¿cómo se espera que un partido tenga una ideología que transmitirle al elector si lo único que se busca es llegar al poder y no hacerlo con el fin buscar una mejora para el país?

El politólogo llama entonces a la activa participación de los medios de comunicación y de diversos actores para que guíen el futuro del país. Claro está que se necesitan medios de comunicación serios y objetivos, que no respondan a intereses particulares, sino que estén comprometidos con la investigación y la transmisión de noticias alejadas de sesgos. Hace falta en ambos países el diálogo y la conciliación de diferencias entre distintos grupos de la sociedad, porque al final lo que se debería buscar es el progreso de la nación y no aferrarse al poder de la mano de la corrupción. Y aunque duela aceptarlo, hace falta que tanto los jóvenes como los adultos nos alejemos de la indiferencia y la falta de interés desde nuestra preparación hasta la participación política si queremos que el país llegue a una transformación.

Colaboración
Paulina Vidaurre Pinto
Estudios políticos y Relaciones Internacionales
Universidad Francisco Marroquín

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.

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