¿Podrá Costa Rica ver más allá del “shock religioso”?

El domingo 4 de febrero del presente año se llevaron a cabo, entre confusión e incertidumbre, las elecciones para elegir al binomio presidencial y 57 diputados del Congreso costarricense. Tal y como se expuso en el artículo de la semana pasada en la comparación entre el sistema político de Costa Rica y Guatemala el escenario de incertidumbre fue nuevamente señalado por distintos diarios del país, tales como El Financiero. Fueron publicadas, en dichos medios de comunicación, entrevistas a varias personas que afirmaron no estar seguros del candidato al que le iban a entregar su voto, incluso estando a pocos minutos de hacerlo. Los resultados revelaron la realidad de los costarricenses: el “shock religioso” no los deja ver más allá de la reforma de la Educación para la Afectividad y Sexualidad Integral y la resolución de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos -CIGH- sobre el matrimonio igualitario.

Varios politólogos han llamado al rechazo de una vasta mayoría de la población y de candidatos presidenciales hacia la reforma educativa y la resolución de la CIDH un “shock religioso”. Lo anterior responde a que se ha vuelto el centro de debates políticos previos a la primera ronda electoral y generó polarización y posturas muy definidas en los candidatos. El repudio viene especialmente de varios de los ciudadanos católicos y evangélicos que, no puede olvidarse, son por mucho la mayoría de la población. Aunque Costa Rica se caracterice por ser un país con diversidad religiosa al ser practicadas en el territorio alrededor de 80 religiones, estudios del Centro de Investigaciones Pew muestran que un poco más del 85% de la población son católicos y protestantes. Aunque la Iglesia católica tiene una mayoría dominante -con un 71.5%-, la Iglesia evangélica va tomando cada vez más fuerza. Esto es relevante porque nos muestra que no solo la población tiene prácticas religiosas fuertes y establecidas, sino que sí pelean por los ideales que dichas religiones enseñan.

La característica religiosa de muchos de los costarricenses lleva entonces a que no sean del todo sorprendentes los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales: obtiene más votos el candidato Fabricio Alvarado Muñoz con un 24,91% de los mismos, seguido por Carlos Alvarado Quesada con un 21,66%. Es curioso como el perfil de los candidatos -a grandes rasgos- refleja las preocupaciones de los electores: ambos son jóvenes y buscan cambios. Pero el perfil de Fabricio Alvarado resalta, no solo por estar ligado al partido Restauración Nacional identificado con una ideología cristiano-política y de conservadurismo social, sino por ser además de diputado y periodista, cantante cristiano.  En su calidad de diputado, Alvarado se ha opuesto a temas como el matrimonio entre parejas del mismo sexo, el aborto y la fertilización in vitro y ha participado y liderado marchas como la pasada “marcha por la vida” oponiéndose al matrimonio igualitario y el aborto.

La popularidad de Fabricio Alvarado refleja que la población costarricense se encuentra realmente en shock. Mucho de ello se atribuye a la resolución de la CIDH, como se expuso posteriormente, y a las afirmaciones del actual presidente Luis Guillermo Solís en las que se tomará en cuenta la orden de garantizar los mismos derechos para las parejas del mismo sexo ante el matrimonio que a las parejas de distinto sexo. Esta noticia cae como balde de agua fría para una gran parte de la población y se hace latente el rechazo ante la misma. El Centro de Investigaciones y Estudios Políticos -CIEP- realiza un análisis que refleja que el 60% de los costarricenses entrevistados rechazan el matrimonio igualitario. Esto puede servir para vislumbrar por dónde va la opinión pública que se verá plasmada en las próximas elecciones el 1ro de abril.

Lo que está por verse es si los costarricenses serán capaces de ver más allá de este shock religioso y centrarse en el debate de políticas fiscales y educativas o soluciones para problemas como el desempleo y la seguridad. Esto es de vital importancia ya que, aunque los temas relacionados al matrimonio entre personas del mismo sexo y la educación sean de gran importancia para la sociedad, no son los únicos problemas que atraviesa el país. Algunas personas incluso llegaron a llamar a Costa Rica la “Suiza de Centroamérica” por sus niveles de desarrollo distintos a los de la región. Con el paso de tiempo sus ciudadanos han ido perdiendo la confianza en el aparato político al igual que lo han hecho los inversores. Lo anterior les ha llevado a una desaceleración económica y a que incremente la tasa de desempleo, fenómenos que vienen siendo visibles a partir el 2015. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Costa Rica -INEC- para el 2016 se llegó a un 9.3% y para 2017 a un 8.1%, cifras que no se habían visto en los últimos 20 años.

Con tanto sobre la mesa solo queda esperar para ver si los costarricenses podrán generar más diálogo y consciencia en el resto de la población sobre los distintos problemas que atraviesa el país, más allá de diferencias en el ámbito del matrimonio igualitario o la educación sexual laica. Después de todo, el país no puede separarse de temas económicos o de la inseguridad. Al igual que en el resto de Centroamérica, es visible la separación entre las necesidades de la población, la opinión pública y la agenda de los políticos. Al alejarse tanto la agenda política de los ciudadanos se da cada vez un desgaste más grande en los políticos profesionales, aquellos que sí trabajan por cambios en su país de manera constante y honrada.

Colaboración
Paulina Vidaurre Pinto
Estudios Políticos y Relaciones Internacionales
Universidad Francisco Marroquín

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.

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