¿Por qué arrasó AMLO?

Luis Pazos

El triunfo de López Obrador se debe a un cambio de estrategia personal para que los votantes percibieran una imagen distinta de la proyectada en sus dos campañas previas. También los otros partidos compitieron con nuevas posiciones, que resultaron en una visión diferente de los electores del PRI y el PAN, sus dos principales contrincantes.

El discurso de AMLO ya no fue visceral, como en ocasiones anteriores, ya no mandó al diablo las instituciones, sino se comprometió a gobernar con ellas. El PRI tampoco las mandó al diablo, sino las utilizó descaradamente para cubrir la corrupción y garantizarles impunidad a varios de sus gobernadores y altos funcionarios.

amlo arras

La percepción del PRI como un partido de corruptos e irresponsables en el manejo de las finanzas públicas, los llevó a perder 11.5 millones de votantes con relación a los que tuvo en 2012, más de 19 millones, contra 7,5 millones en 2018.  Esa pérdida, del 60% de sus votos, podía haber aterrizado en más votos para el PAN, pero se los jaló mayoritariamente MORENA, no solo por prometer no ver hacia atrás la corrupción de los priistas, sino por la división interna del PAN.

A muchos simpatizantes del PAN los decepcionó el pleito entre Margarita y Anaya. Ese pleito, sin entrar a buscar culpables, debilitó al PAN, y le restó votos. Probablemente más votos que los ganados por la alianza con el PRD, que también desilusionó a muchos panistas.

Los votantes de MORENA, compuestos por una minoría de izquierdistas, y una mayoría de ciudadanos de clase media y humilde, enojados con el saqueo rampante del PRI y la división del PAN, vieron una alternativa diferente en López Obrador y decidieron votar por él.

“Los astros se alinearon” a favor de López Obrador, quien no ganó, sino arrasó en las elecciones, por el nuevo discurso de reconciliación, el hartazgo de la corrupción priista y la desilusión por la división de los panistas.

Aunque no voté por AMLO, ojalá le vaya bien, para que nos vaya bien, cumpla con su promesa de respetar las instituciones y no caiga en tentaciones autoritarias, pues los errores cobran factura, como le pasó al PRI y al PAN.

El mito de votar racionalmente

Varios economistas que analizan los procesos democráticos aseguran que pensar que los ciudadanos pueden llegar a ejercer un  vota racional es un mito.  El razonamiento de los académicos es coherente porque  para votar informado, que es el medio para votar racional, se invierte mucho tiempo en leer los planes de gobierno, conocer a los candidatos, sus equipos de trabajo, y lo más importante entender de economía – derecho –política para poder juzgar en su justa dimensión los planes, en resumen, es muy caro votar consciente.

Por el contrario el beneficio, de invertir mi tiempo para votar consciente y racionalmente, es una muy pero muy pequeña posibilidad de afectar la elección.   Entonces, siendo racionales votamos de forma irracional, es decir, como la posibilidad de afectar la elección es muy pequeña, el esfuerzo será muy pobre.  Y en todos los países democráticos vemos que ayuda mucho para ganar una elección el carisma del candidato, su propaganda, su equipo de trabajo de campaña no de gobierno.  Muchos atributos que distan de su peso como estadista.

Si a esta desventaja de la democracia le sumamos la apatía de los ciudadanos hacia el tema político, tenemos una tendencia natural a votar de forma irracional, y  esta es una explicación de por qué  regularmente escogemos democráticamente malos gobernantes.

Para combatir esto, veo una salida: Aceptar que los políticos son parte del proceso productivo y dejar de pensar que todos los políticos son iguales. Por muy malos que sean todos siempre habrá uno peor.  Al decir que todos son iguales premiamos a los malos y no permitimos que los buenos sobrevivan.  Es responsabilidad de las elites académicas y periodísticas diferenciar a los políticos de turno.  Apoyemos siempre al menos peor o al mejor  y no olvidemos que hay que vigilarlos siempre.

Mas y mejor democracia

Con forme se acercaba el 11 de septiembre, a pesar de lo saturado del ambiente, nuestra atención se centraba en las elecciones; desde decidir por quién votar, hasta un análisis de la capacidad del Tribunal Supremo Electora, pasando por comentar las campanas y las distintas capacidades que vimos en los candidatos a elección.

Lo más sano que podemos hacer  por nuestro país es aprovechar esa curiosidad  y aplicarla al sistema.  Es decir, debemos pensar si es posible hacer alguna mejor al sistema de partidos políticos, si podemos cambiar los incentivos que actualmente dirigen tanto a la oferta política como a la demanda y hoy especialmente quiero llamar su atención a revisar la forma como votamos.  

El sistema tradicional de llegar a la urna y marcar nuestra preferencia por un candidato tiene  la gran limitación de hacernos escoger solo uno, y esto muchas veces nos lleva a no poder expresar de buena manera nuestras preferencias. Hay un sistema democrático, que no es nuevo, en el cual es factible expresar de una mejor forma nuestras preferencias.   Para conocer el sistema les recomiendo el siguiente artículo,  http://www.s21.com.gt/opinion/2011/09/21/mejoras-proceso-eleccion

Elección por preferencias es un sistema que ha existo siempre, pero que tal vez haya tenido en  años anteriores  una pequeña complicación tecnológica, la cual hoy en día es fácilmente superada.   Creo que es hora de pensar seriamente la aplicación de este sistema.