¿Confirmarán las elecciones en República Dominicana las actuales tendencias políticas latinoamericanas?



Rogelio Núñez

Investigador senior asociado del Real Instituto Elcano. Experto en América Latina. Profesor de la Universidad de Alcalá en España.

La República Dominicana vota este domingo 5 de julio en unos comicios presidenciales que son, de hecho, un paisaje en el que contemplar el momento político que vive la región.

La República Dominicana vota este domingo 5 de julio en unos comicios presidenciales que son, de hecho, un paisaje en el que contemplar el momento político que vive la región.

En primer lugar, porque se trata de unas elecciones que se celebran condicionadas por la pandemia que azota Latinoamérica. La expansión del COVID-19 en la República Dominicana ya provocó que la cita ante las urnas, prevista para el 17 de mayo, fuera pospuesta hasta este 5 de julio. El virus no solo forzó ese aplazamiento, sino que llevó a las autoridades a prohibir mítines y trastocó las estrategias de campaña. La pandemia ha causado, asimismo, una variación significativa en los mensajes. Estos han estado menos centrados en la inseguridad y la corrupción (temas que, de todas formas, han seguido muy presentes) y más en las propuestas sobre las consecuencias económicas y sociales de la crisis vinculada al COVID-19. 

En segundo lugar, todo apunta a que, en estas elecciones, se va a producir un voto de castigo como el que ha tenido lugar en otros países latinoamericanos. Este estaría dirigido no solo al Gobierno, sino a una parte de la élite que ha hegemonizado el poder desde 1996. La mayoría de las encuestas han venido mostrando que las elecciones van a poner punto y final a 16 años de gobiernos ininterrumpidos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) bajo las presidencias de Leonel Fernández (2004-2012) y Danilo Medina (2012-2020). Casi todos los sondeos dan como candidato más votado al opositor Luis Abinader, miembro del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Así, las elecciones dominicanas pueden ser contempladas como un nuevo capítulo de un fenómeno de alcance regional. Si el partido en el poder, el PLD, resultara derrotado sería una nueva muestra de una tendencia político-electoral que lleva ocurriendo en América Latina desde 2015 y con mayor fuerza desde 2017: la mayoría de las citas ante las urnas se convierten en un voto de castigo a los oficialismos y tienen lugar triunfos de candidatos opositores de partidos históricos o de fuerzas emergentes. En el caso del país caribeño, ese voto de castigo llevaría al poder a un partido de reciente creación. El PRM nació en 2014 y podría imponerse a todo un aparato de Estado con tradición, experiencia y recursos para respaldar al candidato oficialista. Abinader, como Bolsonaro o Bukele, no es un outsider, sino que pertenece a una familia históricamente vinculada al sistema político dominicano y él mismo ha tenido su propio cursus honorum, aunque sin ostentar cargos de poder. 

Las elecciones dominicanas pueden ser contempladas como un nuevo capítulo de un fenómeno de alcance regional. Si el partido en el poder, el PLD, resultara derrotado sería una nueva muestra de una tendencia político-electoral que lleva ocurriendo en América Latina desde 2015 y con mayor fuerza desde 2017: la mayoría de las citas ante las urnas se convierten en un voto de castigo a los oficialismos y tienen lugar triunfos de candidatos opositores de partidos históricos o de fuerzas emergentes.

En la isla se podría repetir, por lo tanto, lo visto en México, donde una nueva formación (Morena, creada en 2014) desplazó a las tres que dominaban el tablero político desde los años 90. O en Colombia, donde ganó el uribismo, y en Brasil, donde las formaciones dominantes desde 1995 (PT y PSDB) fueron superadas por una fuerza periférica, el Partido Social Liberal (PSL) liderado por un candidato proveniente de la periferia del sistema político, Jair Bolsonaro. 

En las dos elecciones de la primera mitad del 2019, se prolongó el voto de castigo a los partidos gobernantes: vencieron fuerzas opositoras, algunas de ellas con raíces históricas (por ejemplo, Laurentino Cortizo, del PRD, en Panamá) y otras sin una larga tradición detrás como la GANA de Nayib Bukele en El Salvador. En la segunda mitad del 2019, la oposición triunfó en las elecciones presidenciales de Guatemala (Alejandro Giammattei), en Argentina con el regreso del kirchnerismo y en las de Uruguay acabando con la hegemonía de 15 años del Frente Amplio. 

Ahora, todo apunta a que le llega el turno a la República Dominicana.

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2 de julio del 2020

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El Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas —CADEP— es el núcleo de investigación del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín. Fue fundado en el año 2002 con el objetivo de promover la teoría de la elección pública —en inglés, public choice—, una herramienta de análisis que utiliza la economía para estudiar la política.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.


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