El fracaso de los partidos oficiales


Por María Isabel Castañeda y María Gabriela Escobar Terán

Es habitual que en los procesos electorales los partidos oficiales sean quienes tengan ventaja sobre los nuevos contendientes, ya que ellos cuentan con una organización partidaria y otros recursos con los que los demás actores no. Sin embargo, en Guatemala no parece pasar lo mismo. Los partidos oficiales no tienen aceptación al final del periodo de cuatro años y casi nunca tienen opciones reales de ser reelegidos. ¿Por qué se da este fenómeno en nuestro país?

Según Holcombe (2016), durante una campaña electoral existen dos tipos de competidores: los titulares y los retadores. El primer tipo describe a los que pertenecen al partido oficial y el segundo a los que buscan derrotarlos en las elecciones. Es por esta razón que el autor expone que el primero tiene ventaja sobre el segundo. Esto se debe a distintas razones, una de ellas es que el partido oficial cuenta con un alto reconocimiento a nivel nacional, algo que no necesariamente se cumple en el caso de los retadores. 

A lo largo de la era democrática del país, ningún partido político ha logrado su reelección en el Ejecutivo. Asimismo, sus candidatos a la presidencia tampoco han obtenido un porcentaje de votos alto; ya que, por lo general, han quedado en tercer lugar. El caso del PAN en las elecciones de 1999 fue la excepción, pues quedó en segundo lugar. La tendencia se cumple también en estas elecciones, donde FCN-Nación, según resultados del Tribunal Supremo Electoral (2019), ha obtenido el peor lugar de toda la historia de los partidos oficiales, quedando en el octavo puesto.

¿Cuál podría ser la razón de que Guatemala sea la excepción a la norma? Según el informe del Latinobarómetro (2018), en Guatemala únicamente el 25% de la muestra aprueba al gobierno de Jimmy Morales. Esta desaprobación no es característica únicamente de este gobierno, sino que viene de legislaturas anteriores y pudo haberse incrementado a partir de los escándalos de corrupción de los últimos años. Además, solo el 15% confía en el Ejecutivo y el 11% en los partidos políticos, por lo que puede decirse que el país no muestra aceptación hacia los partidos que han gobernado. 

La población, al desconfiar del mandatario a cargo y no tener confianza en su partido político, busca cada cuatro años la oportunidad de elegir una nueva opción con la esperanza de que esta situación sea distinta. De esta manera, el votante guatemalteco no percibe beneficios en otorgar su voto al partido oficial; en cambio, si vota a otra organización, puede creer que recibirá algo mejor por tratarse de una nueva oferta política. En este sentido, uno de los retos clave de la política guatemalteca es resolver los problemas de percepción que recaen sobre partidos, instituciones y políticos.

A partir de los datos presentados, se puede concluir que, aunque el partido oficial debería contar con ventaja sobre los demás contendientes, en Guatemala esto no sucede. Esto pasa debido a que las personas tienen poca confianza en las instituciones de gobierno y en los partidos gobernantes. En este periodo específico, Jimmy Morales se ha visto implicado en escándalos de corrupción y otros ataques hacia su gestión que han causado descontento en la población. Esto, a su vez, ha afectado a su partido y a su candidato en estas elecciones. Este rechazo hace que en el país surjan cada cuatro años nuevos partidos políticos, lo que dificulta la institucionalización de los mismos y favorece el personalismo que reina en la política nacional.

Referencias

  • Corporación Latinobarómetro. (2018). Informe Latinobarómetro  2018. Recuperado de https://bit.ly/1itZ6pf
  • Holcombe, R. (2016). ​Advanced Introduction to Public Choice. Massachusetts: Edward Elgar Publishing. 
  • Tribunal Supremo Electoral. (2019). Elecciones Generales y al Parlamento Centroamericano 2019. Recuperado de https://bit.ly/2WP0Kyj


Por María Isabel Castañeda
Por Gabriela Escobar
11 de julio del 2019


AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.


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