¿Por qué buscamos al gobierno? Una breve exploración de la economía conductual


Ante el cambio de gobierno, aunque tiene «el beneficio de la duda», debemos ser autocríticos en nuestras exigencias y reclamos. Debemos cuestionar si nuestra exigencia es real o fruto de nuestro contexto evolutivo y preguntarnos: ¿es algo que el gobierno debe y puede resolver? ¿Son medidas que responden a demandas colectivas?

Siempre me ha sorprendido que a pesar de todos los problemas del Gobierno y el fracaso de los políticos, el guatemalteco común —sin importar su «creencia ideológica»— continúa clamando al cielo y pidiendo la ayuda del Gobierno. Año tras año, Gobierno tras Gobierno, somos defraudados por los políticos y, sin embargo, les seguimos pidiendo. Parece anti-pavloviano regresar al estímulo aversivo que año tras año nos decepciona. ¿Por qué buscamos la intervención gubernamental con tanto afán, a pesar de que nuestra experiencia vivencial nos indica lo contrario?  

Cualquiera sabe vivencialmente que el Gobierno no es eficiente ejecutando peticiones producto de intereses y demandas colectivas y que se rige por distintos incentivos. Aun así, continuamos pidiendo mayor intervención gubernamental, mayor involucramiento y alegando que «el gobierno no hace, pero debería». Aunque la intervención rara vez funcione, ignoramos soluciones alternativas, como las del mercado, regresando a buscar al Gobierno. 

Sin embargo, aunque Pavlov1 no puede explicar la disonancia y el aparente «masoquismo» de quienes imploran el intervencionismo a pesar de la decepción, la economía conductual sí. El ser humano —por definición y evolución— está «dotado» de heurísticas y sesgos cognitivos2 que le permiten sobrevivir, adaptarse y entender su ambiente eficientemente. Sin embargo, estas heurísticas nacieron en un contexto radicalmente distinto y, por ende, muchas resultan desadaptativas hoy en día. Una de estas es el sesgo hacia la preferencia de gobierno. El economista Bryan Caplan se refiere a este sesgo como el «sesgo anti-mercado», una irracionalidad que subestima los beneficios económicos de los mecanismos de mercado y subestima el rol del Gobierno. Esto promueve que las personas busquen que el Gobierno se involucre en lo que no debe para solucionar lo que no puede. Es esta misma heurística la que hace que sobreestima medidas gubernamentales económicamente dañinas y subestimemos la moderación gubernamental. En otras palabras, estamos evolutivamente sesgados a preferir una intervención estatal que lamentablemente no funciona en la economía actual. ¿Por qué se da? Los humanos estamos «programados» para juzgar intenciones antes que acciones, un sesgo cognitivo que nos «empuja» a votar por intenciones y promesas antes que por evidencia y teoría. Por lo tanto, se juzga la intención detrás de las acciones gubernamentales; por ejemplo, un subsidio es bien recibido porque, a pesar de sus consecuencias, se juzga como «bienintencionado». Al contrario, dado que el mercado busca el beneficio personal, se juzga el acto irracionalmente como una transacción que suma cero. Estas conclusiones ahorran tiempo y energía, pero resultan falaces y desadaptativas.

Una de estas es el sesgo hacia la preferencia de gobierno. El economista Bryan Caplan se refiere a este sesgo como el «sesgo anti-mercado», una irracionalidad que subestima los beneficios económicos de los mecanismos de mercado y subestima el rol del Gobierno.

Los humanos estamos programados para juzgar intenciones antes que acciones, un sesgo cognitivo que nos empuja a votar por intenciones y promesas antes que por evidencia y teoría.

Dado que juzgamos las intenciones detrás de las intervenciones, nos extraña cada vez que las intervenciones no salen bien. Luego, pedimos al Gobierno que arregle la problemática resultante, subestimando las soluciones de mercado, y así sucesivamente.

  1. Iván Pavlov fue un fisiólogo ruso que descubrió y propuso la teoría del condicionamiento clásico. Él fue el primero en definir el concepto de un reflejo condicionado, un aprendizaje que ocurre con la exposición a un estímulo. Luego, Skinner, basando su trabajo en el descubrimiento de Pavlov, desarrolló la teoría del condicionamiento operante. Skinner descubrió la manipulación de conductas a través de refuerzos negativos y positivos. Un castigo, por ejemplo, desalentará una conducta. 
  2. Dadas las limitaciones cognitivas de información y de tiempo, las personas evolucionamos con dos sistemas de pensamiento, los denominados sistema 1 y sistema 2 —ver Kahneman—. El sistema 1 actúa rápidamente, buscando soluciones intuitivas y ecológicamente eficientes. Como parte de su funcionamiento, tiene de forma sistemática atajos mentales, heurísticas y sesgos que simplifican la solución de problemas. El sistema 2, como complemento del sistema 1, es lento y deliberado. 

Referencias

  • Caplan, B. (2013). The Myth of the Rational Voter. Cato Unbound. Recuperado de www.cato-unbound.org/2006/11/05/bryan-caplan/myth-rational-voter.
  • Cowen, T. (2005). Self-deception as the root of political failure. Public Choice, 124, 437-451.
  • Kahneman, D. (2003). Maps of Bounded Rationality: Psychology for Behavioral Economics. American Economic Review, 93 (5), 1449-1475.
  • Lucas, Jr., Gary y Tasic, S. (2015). Behavioral Public Choice and the Law. West Virginia Law Review, 118, 199-266.
  • Spiller, S. A., (2011). Opportunity Cost Consideration. Journal of Consumer Research, 38(4), 595-610.
  • Tversky, A., y Kahneman, D. (1992). Advances in Prospect Theory: Cumulative Representation of Uncertainty. Journal of Risk and Uncertainty, 5, 297-323.

21 de enero del 2020

¿Quiénes somos?

El Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas —CADEP— es el núcleo de investigación del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín. Fue fundado en el año 2002 con el objetivo de promover la teoría de la elección pública —en inglés, public choice—, una herramienta de análisis que utiliza la economía para estudiar la política.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.


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