Pablo Guido / / 10 de agosto del 2021

El Gobierno de EE. UU. gasta, los contribuyentes del mundo pagan (una parte)

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Los enormes gastos que el Gobierno federal de los EE. UU. ha destinado a “solucionar” los efectos de la pandemia y la cuarentena han sido financiados, en parte, por la emisión monetaria del banco central de aquel país, la Reserva Federal —Fed, acrónimo en inglés—.

Sin embargo, como los recursos no pueden ser creados de la nada —la emisión monetaria no crea recursos—, alguien los tiene que pagar. Este incremento fenomenal de gasto público en los EE. UU. no solo fue financiado, y está siendo financiado aún, por los contribuyentes norteamericanos, sino también por cientos o miles de millones de personas a lo largo y ancho del planeta.

¿Cuánto dinero ha emitido el banco central de los Estados Unidos en lo que va del siglo XXI?

¿Cuánto dinero ha emitido el banco central de los Estados Unidos en lo que va del siglo XXI? La base monetaria en dólares —circulante + reservas bancarias— creció desde alrededor de $600 000 millones en el año 2000 a los actuales $6 billones, es decir, un incremento de 10 veces o 900 % en 20 años.

Fuente: St Louis Fed

A manera de aclaración, si bien cuando hablamos de oferta monetaria es más preciso referirse al agregado M1 (circulante + depósitos a la vista/líquidos), la base monetaria es el agregado que depende exclusivamente de una decisión de la Fed. El M1 depende, en parte, de las decisiones de los bancos (administración de encajes y préstamos) y los clientes (depósitos).

Ahora bien, el agregado monetario que controla directamente la Fed, la base monetaria, ha crecido en los últimos 20 años a un ritmo promedio anual 12.3 % o 1 % mensual. Sin embargo, el ritmo no ha sido homogéneo a lo largo de esas dos décadas, sino que fue acelerándose. Desde el último trimestre del 2008 a marzo de 2020, la base monetaria creció un 330 %, un 8 % anual o 0,65 % mensual. Dos de cada tres dólares emitidos en ese período fueron a las reservas de los bancos, y solo un tercio de la expansión de la base monetaria fue al circulante. No obstante, desde marzo de 2020 a mayo de 2021 se aceleró aún más el ritmo de expansión de la base monetaria, creciendo a una tasa mensual del 3.3 % —se quintuplicó el ritmo de emisión mensual—.

Parte de esta emisión ha sido la consecuencia de financiar la expansión del gasto público extraordinario de esta época pandémica. Es cierto que de los $2 billones de dólares de incremento de la base monetaria, desde inicios del 2020, solamente el 15 % —$330,000 millones— se han adicionado al circulante en poder de la gente, mientras que el 85 % restante ha ido a engrosar las reservas bancarias —$1.8 billones—.

Lo que EE. UU. decidió gastar para hacer frente a la pandemia, hasta ahora, equivale a un producto bruto japonés, a casi el 6 por ciento del PIB mundial, o a unos 65 PIB guatemaltecos.

Recordemos que, en estos 18 meses de pandemia, el Gobierno federal de los EE. UU. ha implementado diversos planes estatales equivalentes al 27 % del PIB, un “paquete” presupuestario 4 veces más grande que la asistencia del Gobierno en la crisis del 2008. El gasto público para hacer frente a la peste fue incrementado por Trump en unos $3.4 billones, mientras que el presidente Biden ha lanzado otra andanada de gastos por $1.9 billones. Y se está negociando en el Congreso otro “megapaquete” por $4.2 billones más. Los números son impactantes —en otro artículo analizaremos las consecuencias fiscales de esta “megafiesta” de gasto público—. Lo que se decidió gastar para hacer frente a la pandemia, hasta ahora, equivale a un producto bruto japonés, a casi el 6 % del PIB mundial o a unos 65 PIB guatemaltecos.

A pesar de la aceleración en la emisión monetaria desde marzo del año pasado, los precios durante el segundo trimestre del 2020 se mantuvieron estables y durante el segundo semestre se incrementaron a un ritmo mensual del 0.3 %. ¿Por qué no hubo un incremento instantáneo en los precios? Lo que sucede es que el impacto de la emisión no se genera de manera inmediata y, además, hubo un incremento del atesoramiento de dinero como consecuencia de la “hibernación” de las personas en sus hogares, la imposibilidad de gastarse el dinero extra dado que la actividad económica estaba muy limitada y una mayor incertidumbre por la situación en la que el mundo se encontraba.

Todo empezó a cambiar desde principios de este año. Lo que se llama habitualmente “inflación” —el aumento generalizado del nivel de precios— ha venido incrementándose significativamente en EE. UU. en los últimos meses. En diciembre del año pasado, los precios minoristas habían acumulado en los últimos 12 meses un incremento del 1.3 %, pero fue escalando al 2.6 % en marzo, al 4.2 % en abril y al 5 % en mayo.

Fuente: St Louis Fed

Independientemente de la extensión en el tiempo que pueda tener este proceso inflacionario, lo que es seguro es que el impacto de las acciones expansivas de la Fed sobre la economía mundial no será neutral. Dado que el dólar aún es la moneda más utilizada en el mundo, gran parte de la humanidad se verá afectada con el proceso inflacionario iniciado o acelerado por la Fed.

Debemos recordar que el impuesto inflacionario recae principalmente sobre los que mantienen dólares en su activo, reduciendo el poder de compra. Por lo tanto, parte de la expansión del gasto público de EE. UU. que está siendo financiada por la emisión monetaria de la Fed será pagada por todos aquellos terrícolas que mantengan en su activo dólares norteamericanos. El poder recaudador del Tío Sam es global, dado que la base tributaria del impuesto inflacionario que tiene el Gobierno de EE. UU. se distribuye a lo largo y lo ancho del mundo.

El poder recaudador del Tío Sam es global, dado que la base tributaria del impuesto inflacionario que tiene el Gobierno de EE. UU. se distribuye a lo largo y lo ancho del mundo.

No hay almuerzo gratis” decía Friedman. Las medidas que se instrumentaron desde el Estado norteamericano para enfrentar esta peste no son gratuitas.

Todos estos “paquetes” siderales de ayuda estatal han tenido que financiarse con el aporte del sector privado, ya sea tributos a abonar en el futuro, para hacer frente al pago futuro de las deudas que el Estado tomó en este período de crisis, o tributos que se están pagando actualmente mediante el impuesto inflacionario.

Los primeros los pagarán las personas cuyas residencias fiscales se encuentren en EE. UU., pero los segundos ya los están pagando todas aquellas personas que mantienen dólares en sus activos, dentro o fuera del territorio norteamericano.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor. Las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la UFM.

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Pablo Guido

Doctor en Economía. Asesor legislativo. Director observatorio económico (ACIPAN). Profesor visitante de la UFM.

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