Alejandro Gómez / / 15 de noviembre del 2021

¿Qué pasó con la nueva «Primavera Negra» en Cuba?

ricardo-iv-tamayo-Fc-K7_oGNBE-unsplash

En abril de este año —2021—, un grupo numeroso de intelectuales y artistas alertaron sobre el clima de violencia y represión en el que se encontraba Cuba, el cual era similar al que se vivió durante la llamada «Primavera Negra» de 2003. Este fue un antecedente de las protestas callejeras que se llevaron a cabo el 11 de julio y que tuvieron repercusión mundial. Sin embargo, de golpe, luego de un par de semanas convulsionadas, la noticia desapareció de los medios internacionales. Por qué estallaron las protestas, quiénes estaban detrás de estas y qué sucedió luego son preguntas que trataremos de contestar en estas líneas.

Hace 18 años, el dictador Fidel Castro frustró una convocatoria a favor de la libertad de expresión condenando a la cárcel a disidentes, entre los que se encontraban activistas, médicos y periodistas independientes. Los últimos prisioneros de ese grupo recién salieron de la cárcel entre 2010 y 2011 en un proceso de excarcelaciones que fue posible por la mediación de la Iglesia católica cubana. Hoy el blanco son los artistas jóvenes que no están dispuestos a resignar su libertad de expresión y sus reclamos por mayores libertades en la isla.

Desde que los líderes de la Revolución cubana se hicieron con el poder en enero de 1959, impera un régimen comunista que ha coartado las libertades individuales y ha sumido a su población en la pobreza.

Desde que los líderes de la Revolución cubana se hicieron con el poder en enero de 1959, impera un régimen comunista que ha coartado las libertades individuales y ha sumido a su población en la pobreza. Ya van más de sesenta años de sumisión y de un relato que no se sostiene en los hechos, ya que la revolución que venía a liberar al pueblo solo terminó por someterlo cada vez más. Muchos creyeron que, al caer el Muro de Berlín en noviembre de 1989, las cosas cambiarían, pero los Castro y ahora su sucesor, Miguel Diaz-Canel, siguen gobernando el país como si nada hubiera pasado.

El Decreto 349

El descontento estalló entre un grupo de artistas independientes que vieron cómo su actividad se veía restringida con la sanción del Decreto 349 del 20 de abril de 2018, el cual entró en vigencia en diciembre de ese año. Con este, el régimen busca regimentar al sector que había quedado fuera del Decreto de 1997 —que solo exigía la inscripción de los artistas que trabajaban en espectáculos oficiales—. Como en los últimos años se produjo un crecimiento considerable de las actividades artísticas independientes, las cuales en muchos casos presentan una mirada crítica del régimen, el Gobierno decidió poner un control sobre estas con el nuevo decreto. En declaraciones al órgano oficialista Granma, Alina Estévez del Ministerio de Cultura sostuvo que el decreto tiene como fin «ponderar, enaltecer y privilegiar la creación artística y literaria, diversa y plural en formas y estéticas, crítica pero comprometida con el proyecto social cubano, contribuir a la formación cultural de la población, así como combatir la mediocridad, la banalidad, el irrespeto y el intrusismo profesional, son las premisas fundamentales de esta necesaria regulación». De este modo, cuando se aplique el Decreto 349, los artistas que quieran trabajar deberán tener la aprobación de un inspector, quien podrá cerrar una exposición o terminar un concierto si determina que estos no están de acuerdo con la política cultural de la Revolución.

Cuando se aplique el Decreto 349, los artistas que quieran trabajar deberán tener la aprobación de un inspector, quien podrá cerrar una exposición o terminar un concierto si determina que estos no están de acuerdo con la política cultural de la Revolución.

Por su parte, la activista cultural Iris Ruiz sostiene que la implementación del decreto autoriza al inspector no solo a intervenir en las exposiciones públicas, sino que se aplica a todos los espacios: «O sea, va incluso a que si en tu casa, siendo un pintor, tienes una exposición de cuadros y no tienes el permiso expreso y el contrato del Ministerio de Cultura, tú no puedes hacerlo y ese inspector puede decomisarte toda tu obra y tus herramientas de trabajo». La idea de ejercer todo tipo de control en el pensamiento y su libre manifestación estuvo desde los inicios de la Revolución cubana. Para ello, se implementaron campos de concentración para artistas y homosexuales. En eso consistía la llamada «parametración» que buscaba saber si los artistas e intelectuales encajaban en los parámetros revolucionarios.

La gravedad del Decreto 349 es que no solo se aplica a los artistas cuentapropistas, sino que además da autoridad al Gobierno de intervenir en las casas. Iris Ruiz explica que «Cuba tiene una fuerte cultura yoruba, de tradiciones afro descendientes, con su música, su danza; y que generalmente cuando la gente hace sus fiestas de santos, invitan músicos a tocar, a los que se les paga, y que ahora con la 349 resulta que para tú hacer en tu casa un toque de santos, una fiesta, tú tienes que acudir al catálogo del Ministerio de Cultura de músicos, pagarle tú al Ministerio de Cultura, ese músico entonces recibe su pago a través del Ministerio, y el Ministerio le descuenta el 20 por ciento». Con lo cual no solo controlan lo que dicen, sino que además se quedan con una parte de lo que ganan.

El Movimiento San Isidro

La respuesta de los artistas ante el Decreto 349 fue el Movimiento San Isidro —MSI—, fundado en diciembre de 2018. El nombre proviene del barrio donde se reunieron una serie de artistas, intelectuales, periodistas y académicos que comenzaron a organizarse para oponerse a la puesta en marcha del decreto. Entre los más conocidos están Luis Manuel Otero Alcántara, Denis Solís, Carlos Manuel Álvarez, Camila Lobón, Yunior García y Tania Bruguera. A lo largo de 2019 y 2020, los integrantes realizaron distintos tipos de presentaciones que, con el paso de los meses, fueron endureciendo la relación con las autoridades.

La última semana de noviembre de 2020, el MSI pasó de la performance a la acción directa cuando varios de sus miembros realizaron una huelga de hambre por su reivindicación de libertad de expresión y artística, además de solicitar que uno de sus miembros detenidos, el rapero Denís Solís, quedara en libertad. Solís, quien dice abiertamente ser partidario de Donald Trump y llama «mi presidente» al exmandatario estadounidense, había sido encarcelado por desacato y condenado a ocho meses de prisión.

La noche del 26 de noviembre la policía desalojó a los huelguistas de hambre de la sede del MSI y produjo algunas detenciones. El 27 de noviembre se produjo una manifestación, inédita para los parámetros cubanos —las manifestaciones masivas son solo aquellas convocadas por el Estado—. En esa oportunidad, se reunieron unas 300 personas frente al Ministerio de Cultura para exteriorizar su descontento por el accionar del Gobierno, al tiempo que solicitaron una reunión con el viceministro Fernando Rojas. Entre los delegados se encontraban el cineasta Fernando Pérez y el actor Jorge Perugorria —protagonista de la recordada película Fresa y chocolate—. A partir de ese momento, se constituyó el Movimiento 27N, en cuyo seno también actúa el MSI.

El impacto de internet y YouTube

Uno de los cambios fundamentales con respecto a lo que sucedía en el siglo XX es que, con el desarrollo de internet, se acabó el monopolio de la información en el país, con lo cual las autoridades tienen que salir a desmentir o perseguir a quienes difunden nuevas ideas. Antes solamente los ignoraban o, si el personaje en cuestión era muy visible, se lo detenía de una vez. Inclusive con los nuevos sistemas de comunicación es fácil acceder a noticias desde fuera de la isla, con lo cual no solamente se recibe información, sino que además se pueden organizar encuentros y foros de debate.

«¡Ya no gritamos Patria y muerte, sino Patria y Vida!», «el Pueblo pide libertad, no más doctrina» y «Cuba es de toda la gente» dice la letra de la canción «Patria y Vida», interpretada por varios artistas. El diario Granma cargó contra sus autores e intérpretes, Yotuel Romero —exvocalista de Orishas—, Descemer Bueno, Gente de Zona, Maikel Osorbo y El Funky. En uno de sus artículos, titulado «Patria o muerte», califica de «trapero y cobarde» el tema y de «ratas» a sus autores, y afirma que «no hay tiempo para amilanarse ante esos que pretenden pisotearnos la patria con una canción». «Esos que cantan, lo hacen como si Cuba no les hubiese dado nada, como si se hubiesen hecho artistas en Júpiter, como si no recordaran dónde crecieron y quiénes los abrazaron por primera vez (…)», y añaden que «esa canción empantanada de odio intenta burlarse de todo lo que somos» e «intenta cambiar a Cuba por un millón de vistas en YouTube».

«No más mentiras. El pueblo pide libertad, no más doctrina. Ya no gritemos patria o muerte sino Patria y Vida».

La canción «Patria y Vida», abiertamente contraria al régimen de la isla y sus políticas, es una contraposición a la consigna revolucionaria cubana «Patria o muerte». En ella se alude a acontecimientos recientes como la protesta en noviembre pasado del Movimiento San Isidro, que acabó con el desalojo y detención de artistas, y activistas encerrados en huelga de hambre en protesta por la detención del rapero contestatario Denis Solís. También hay referencias a la dolarización parcial de la economía cubana en medio de la grave crisis que atraviesa el país, donde el Estado comercializa desde hace meses en divisas buena parte de los alimentos y los productos básicos, pese a que la mayoría de la población no cobra en esa moneda ni puede adquirirla por vías oficiales.

«No más mentiras. El pueblo pide libertad, no más doctrina. Ya no gritemos patria o muerte sino Patria y Vida». El estribillo recurre al juego de dominó, muy popular entre los cubanos, para lanzar un mensaje de cambio: «Se acabó, tu cinco nueve yo doble dos. Ya se acabó, sesenta años trancado el dominó, mira se acabó, tu cinco nueve yo doble dos. Ya se acabó, sesenta años trancando el dominó». El tema continúa, «Ya ustedes están sobrando, ya no les queda nada, ya se van bajando. El pueblo se cansó de estar aguantando. Un nuevo amanecer estamos esperando». 

La canción en apoyo al Movimiento San Isidro menciona en una parte la irrupción de agentes de Seguridad del Estado el 26 de noviembre en la sede de la agrupación para reprimir a los acuartelados que leían poesía y participaban en una huelga de hambre para exigir la liberación del rapero contestatario Denis Solís; así al relatar estos hechos dice lo siguiente:  «Rompieron nuestra puerta, violaron nuestro templo y el mundo está consciente de que el Movimiento San Isidro continúa puesto», y agrega, «¿Qué celebramos si la gente anda de prisa cambiando al Che Guevara y Martí por la divisa?», en clara referencia a la reciente reforma monetaria. La canción hasta el momento tiene más de 8 millones de vistas.

Las marchas del 11 de julio

Ante las protestas de enero de 2021, el Gobierno decidió detener a algunos miembros del Movimiento 27N, como Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo, en La Habana, y Omar Mena, en Santa Clara. Por su parte, la periodista Camila Acosta, las artistas Tania Bruguera y Camila Lobón, y la escritora Katherine Bisquet permanecieron bajo vigilancia policial. Quizás el caso más emblemático sea el de Luis Manuel Otero Alcántara, de clase baja y con un padre ausente; fue su tío quien lo inclinó por el arte, lo cual le valió también ser discriminado en su propio barrio de El Cerro. Con la pandemia, las condiciones de la población se agravaron, así como las denuncias contra el régimen. En una de ellas, Otero Alcántara realizó una performance —titulada «Drapeau»—: utilizó la bandera cubana como si fuera su segunda piel. Esto le dio la excusa perfecta a las autoridades para que le abrieran una causa penal y lo arrestaran una vez más, ya que desde 2019 fue detenido más de 50 veces. Ante esta situación, un grupo de escritores, pintores, curadores, educadores y fotógrafos presentaron una carta al presidente del régimen, Miguel Díaz-Canel, exigiendo la inmediata liberación del detenido, quien, finalmente, fue liberado el 31 de mayo.

Se suma un nuevo ingrediente: los jóvenes en Cuba ya no quieren emigrar, sino ser parte del cambio.

De alguna manera, el clima de tensión y protestas desatado por el Decreto 341 fue alimentando a una sociedad que ya está harta de un régimen que en muchos sentidos les es ajeno, las consignas revolucionarias de mediados del siglo pasado no lo representan, ni el «paraíso socialista» se ha concretado, sino todo lo contrario. A ello hay que sumarle un nuevo ingrediente: los jóvenes en Cuba ya no quieren emigrar, sino ser parte del cambio. En los años anteriores, el régimen contaba con que aquellos que no estaban conformes se iban de la isla. Eso ya no pasa.

El domingo 11 de julio se produjo una movilización sin precedentes. De manera espontánea miles de cubanos salieron a las calles a manifestarse en contra del régimen, la situación sanitaria que estaba empeorando por el aumento de casos y las muertes por COVID-19, a lo que se le sumó la crisis económica debida a la merma considerable de turistas. Las manifestaciones, que se iniciaron en el pueblo de San Antonio de los Baños, pronto, gracias a las redes sociales y el «boca a boca telefónico», se fueron extendiendo al resto del país, incluyendo La Habana. Por su parte, el artista disidente Luis Manuel Otero Alcántara, al que ya hemos referido, dijo «Todo el mundo para la calle. Yo me voy para el malecón me cueste lo que me cueste. Ya está bueno de presos políticos, queremos democracia. Me voy para el malecón».

Miles de cubanos salieron a las calles a manifestarse en contra del régimen, la situación sanitaria que estaba empeorando por el aumento de casos y las muertes por COVID-19, a lo que se le sumó la crisis económica debida a la merma considerable de turistas.

La manifestación tomó por sorpresa al Gobierno. La gente, blandiendo consignas del Movimiento San Isidro y cantando «Patria y vida», salió a reclamar contra un régimen que lógicamente no se quedó con los brazos cruzados. Su respuesta fue reprimir con sus fuerzas de choque, legales e ilegales, y hasta amenazó con sacar a la calle a los «Boinas negras», la Brigada Especial Nacional dependiente del Ministerio del Interior. Además, decidió cortar el servicio de internet, indispensable para que los manifestantes pudieran transmitir las manifestaciones en tiempo real a todo el mundo, además de cortar la electricidad. La magnitud de las movilizaciones hizo que muchos se entusiasmaran con el inicio de una nueva era en Cuba, pero, lamentablemente, de momento, nada cambió. O al menos, no se observan los cambios que muchos esperaban.

¿Por qué no continuaron las marchas de protesta?

El presidente Miguel Díaz-Canel dio la orden de salir a acallar a los manifestantes. Según datos de Cubalex, una consultora dirigida por la abogada cubana Laritza Diversent, más de 800 personas fueron apresadas el día de las marchas. Dos meses después de estas, todavía más de 350 personas siguen detenidas. Inclusive para aquellos que recuperaron su libertad, los procesos legales no han terminado, muchos enfrentan multas y/o prisión domiciliaria. Los grupos paramilitares siguen patrullando las calles y hostigan a aquellos que consideran sospechosos, es decir, todo aquel que no se manifieste abiertamente y sin dudas a favor del régimen.

De todos modos, el primer gran paso ya ha sido dado, la inercia del quietismo parece haberse roto. Miles de cubanos por primera vez en su vida salieron a las calles a manifestarse y eso seguramente se volverá a repetir. No es sencillo que un régimen con más de sesenta años en el poder se baje de un día para el otro. Los tiempos han cambiado, lo saben los burócratas y lo sabe el pueblo: lo del 11 de julio es un viaje sin retorno

Es cuestión de tiempo para que vuelvan a surgir las protestas. Las demandas de libertad y mejoras sociales podrán ser acalladas por la intimidación y la violencia gubernamental, aunque solo temporalmente.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor. Las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la UFM.

Comparte este artículo:

Alejandro Gómez

Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella, Master of Arts de la University of Chicago y Profesor de Historia de la Universidad de Belgrano en Argentina. Profesor visitante en la UFM.

Leer más de este autor