Introducción a public choice: ¿De homo economicus a santo?


Durante la historia, ha habido diferentes discusiones acerca de la naturaleza del ser humano. Varios filósofos y estudiosos han analizado las razones detrás de los pensamientos, las motivaciones y las acciones de las personas. Como resultado de dichos estudios, se han desarrollado distintas teorías y puntos de vista desde las disciplinas de la sociología, la antropología, la filosofía, la ética, la política, la economía, etc. Es necesario entender que tener una comprensión completa de la naturaleza del hombre es complicado, pues existe una infinidad de variables a tomar en cuenta. No obstante, cuando intentamos predecir el comportamiento humano, debemos partir de un cierto marco teórico con el fin de que las predicciones sean más acertadas y tengan una base que las respalde. Ahora, si existen tantas teorías académicas acerca del ser humano, ¿cuál es la más adecuada o realista?

Desde un punto de vista económico, el ser humano es un ser racional que toma decisiones con base en los posibles resultados que de estas se puedan derivar. Es meticuloso sopesando los costos y las oportunidades que tendrá en cada ocasión. Es decir, que analiza las situaciones y siempre escoge la opción que le permita obtener el mayor beneficio con el menor esfuerzo. Al final, lo que este ser económico quiere es maximizar su felicidad. Esto se aplica a la hora de elegir lo que se va a comer, un trabajo e, incluso, las personas con las que se rodea. Para tomar este tipo de decisiones, debe tener la información necesaria para hacerlo. Además, tiene gustos y preferencias concretas, lo cual hace más fácil la escogencia entre las opciones que se le presentan (Caruso, 2012).

«Cuando intentamos predecir el comportamiento humano, debemos partir de un cierto marco teórico con el fin de que las predicciones sean más acertadas y tengan una base que las respalde».

Evidentemente, este homo economicus es únicamente una caricatura de lo que el ser humano es en realidad. A pesar de ello, es una herramienta que los economistas utilizan para predecir el comportamiento, debido a que, de otra manera, no podrían hacerlo. Así, es fácil coincidir en que la maximización de la felicidad propia guía el comportamiento humano, haciendo que escojamos aquello que nos permita alcanzar este objetivo al menor costo posible. Por ejemplo, una persona en un mercado nunca pagará más por el mismo producto sabiendo que en el puesto de al lado lo podría conseguir a un menor precio. Esto evidencia la parte utilitarista del ser humano.

Sin embargo, a pesar de que estos postulados son ampliamente aceptados cuando se trata de economía, no sucede de la misma forma al hablar de política. Si bien es cierto que los humanos son maximizadores de utilidades y ganancias en el mercado, existe la noción de que esta naturaleza cambia por completo cuando se desempeñan en un cargo público dentro del Gobierno, haciendo que sean personas cuyo único fin es el bien colectivo. La disciplina del Análisis de las Decisiones Públicas, o public choice en inglés, aplica la metodología de la economía para analizar las decisiones que se toman desde la política. Esto incluye tomar en cuenta que son los individuos involucrados los que toman decisiones desde un punto de vista individual y cómo estas se combinan para producir resultados, como pueden ser políticas públicas, iniciativas de ley, proyectos gubernamentales, etc. (Holcombe, 2016, p.3).

«Desde un punto de vista económico, el ser humano es un ser racional que toma decisiones con base en los posibles resultados que de estas se puedan derivar».

La implicación de lo dicho anteriormente es que es necesario entender que los individuos que toman decisiones en el mercado son los mismos que toman decisiones en el Gobierno. Sin embargo, estas dos instituciones no funcionan de la misma manera. La primera diferencia crucial es que en el mercado cada individuo puede tomar decisiones que repercuten únicamente de manera individual; en el Gobierno, un grupo de individuos toma decisiones que tienen implicaciones para todos. La segunda diferencia es que los intercambios en la arena comercial son voluntarios, mientras que los impuestos y las regulaciones que establece el Estado no lo son. A pesar de esto, las personas necesitan ciertos recursos que el Gobierno provee y mantiene, tales como las carreteras, el agua, la seguridad, etc.

Así, lo que public choice hace es analizar la actividad gubernamental y la toma de decisiones colectivas, así como a los individuos que están involucrados en ellas: votantes, políticos, burócratas, grupos de interés, etc. (Holcombe, 2016). Al utilizar métodos de economía, hace que los análisis sean más realistas, tomando en cuenta la información disponible que tienen las personas del Gobierno —que no es perfecta— y sus incentivos para actuar de la manera en que lo hacen —homo economicus—. De esta manera, no se incurre en un análisis normativo, ya que solo se estudia la manera en que en realidad funciona y no la manera en que nos gustaría que lo hiciera. Esto hace que se pueda comprender la política de forma práctica y que, a la hora de proponer cambios, se haga de manera informada.

Referencias

  • Caruso, S. (2012). Homo oeconomicus. Paradigma, critiche, revisioni. Italia: Firenze University Press.
  • Holcombe, R. (2016). Public Choice. Massachusetts: Elgar Advanced Introductions.


Por Gabriela Escobar
1 de mayo del 2019


AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.


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