Homus economicus vs. homus politicus: los incentivos electorales


«The basic Behavioral postulate of public choice, as for economics, is that man is an egoistic, rational, utility-maximiser». 

Dennis Mueller, 2003

En mi artículo anterior, realicé una serie de preguntas sobre el actuar del humano dentro de la arena política, específicamente al votar. El objetivo de este artículo será tratar de entender el comportamiento humano en el momento de ejercer el sufragio. 

En primer lugar, es importante argumentar que según algunos teóricos del public choice, el individuo actúa —en esencia— de la misma forma tanto en el mercado económico como en el político, ya que no hay incentivos relevantes —o precios establecidos— en ambos escenarios para actuar de otra manera. No obstante, según Brennan (2008), dicha lógica determinista no es correcta, ya que el mercado político no cuenta con la misma información que el mercado económico. Por eso es imperativo analizar el comportamiento político a través de dos esferas: la psicológica —motivacional— y la de los supuestos que involucran la lógica simple de precios. 

«El mercado político no cuenta con la misma información que el mercado económico».

Brennan (2008) explica que los individuos siempre sopesan dos consideraciones en cualquier acción y escenario en el que se encuentren; en este artículo, utilizaremos el ejemplo de acudir a las urnas. El primer conjunto de consideraciones a tomar en cuenta es instrumental y depende de los beneficios netos que reciba la persona al obtener un resultado sobre otro. Es decir, si la persona es enteramente egoísta cuando emite su voto, este será guiado por el deseo de beneficiarse a sí mismo o beneficiar los bienes públicos que valora. Sin embargo, si el individuo es sumamente altruista, sus acciones serán movidas por aquel resultado que beneficie al bien común o a la mayoría de los ciudadanos. Ambas lógicas son instrumentales, ya que lo que está en juego es incrementar la probabilidad de un resultado específico.

«Ambas lógicas son instrumentales, ya que lo que está en juego es incrementar la probabilidad de un resultado específico».

El segundo conjunto de consideraciones del que habla Brennan (2008) tiene que ver con un área intrínseca. Es decir, este acto depende más del hecho de que la persona se ausente o no de las urnas. En otras palabras, si las personas no acuden y, por lo tanto, no emiten su voto, es imposible que obtengan beneficios personales. 

En el mercado económico, los beneficios instrumentales e intrínsecos se pueden negociar con un precio claro; un beneficio intrínseco vale lo mismo que un beneficio instrumental. Por el contrario, al votar, el beneficio intrínseco vale siempre lo mismo, mientras que los beneficios instrumentales disminuyen en relación a las probabilidades que tiene el voto de ser decisivo, que son pocas (Brennan, 2008). 

Esta lógica permite ver que los comportamientos en ambos mercados —el político y el económico— serán diferentes. Así mismo, se evidencia que ciertas acciones se basan en la lógica simple de precios y que la visión de la psicología no determinará una acción, pero sí tendrá efecto a la hora de tomar una decisión y actuar. En conclusión, homo economicus y homo politicus —o votantes y consumidores— son lo mismo: entes racionales; sin embargo, las decisiones que los llevan al mercado económico y las decisiones que toman en el mercado político no son las mismas.

Referencias

  • Brennan, G. (2008). Psychological Dimensions in Voter Choice. Public Choice, Vol. 137, pp. 475-489. 

Por Maria Renée Cifuentes
3 de septiembre del 2019


AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.


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