Taiwán durante la pandemia del coronavirus


El 2020 ha sido un año revelador. Un año durante el que han surgido nuevas preguntas sobre la situación de la humanidad. ¿Por qué las naciones desarrolladas tienen una respuesta débil a la pandemia? ¿Por qué es difícil para los individuos seguir las pautas establecidas en los periodos de cuarentena? Las experiencias del coronavirus alrededor del mundo varían según el país. En materia de control de la epidemia, un país que merece un análisis pormenorizado es Taiwán. 

La epidemia del coronavirus ha expuesto la necesidad que tienen los países de desarrollar sus sistemas de salud. Actualmente, la frágil respuesta de los Estados ha resultado en una crisis humanitaria alrededor del mundo. Sin embargo, pareciera que el sistema de salud de Taiwán ha estado preparado durante años para hacer frente a la crisis mundial actual. La isla de Taiwán ha destacado por su control eficiente y sostenible del coronavirus. Ubicado en el mar del Sur de China y con una población de 23 millones, en este país los casos confirmados se han mantenido por debajo de 500.

en este país los casos confirmados se han mantenido por debajo de 500.

Un factor fundamental que ha definido el desempeño de los países ha sido tanto el tipo de decisiones como el momento de tomarlas. Durante la crisis del SARS en el año 2003, el gobierno taiwanés comprendió que la respuesta rápida y la transparencia en la información eran vitales a la hora de controlar la epidemia. En la actual crisis del COVID-19, las primeras medidas se tomaron en el mes de diciembre del 2019, cuando se reportó el primer brote en la República Popular de China. Sin embargo, mientras un gran número de ciudadanos a nivel global han sufrido las consecuencias de un cierre total de los negocios y las cuarentenas masivas, en Taiwán este tipo de medidas nunca se han puesto en práctica.

En la actual crisis del COVID-19, las primeras medidas se tomaron en el mes de diciembre del 2019, cuando se reportó el primer brote en la República Popular de China.

Otro factor interesante para enfrentar la crisis es el uso de la tecnología como un aliado. El manejo de big data ha permitido al Gobierno taiwanés desarrollar políticas públicas eficientes. Taiwán goza de una infraestructura de envío de mercancías altamente desarrollada que permite a los individuos el acceso a cualquier producto. Por medio del Ministerio Digital, se han ejecutado softwares y apps que han ofrecido a los usuarios acceso fácil a mascarillas baratas. Adicionalmente, la cobertura del sistema de salud nacional es completa para todos los taiwaneses y extranjeros que viven en la isla. El estado de bienestar de Taiwán también ofrece precios accesibles y medicamentos de alta calidad. 

Por medio del Ministerio Digital, se han ejecutado softwares y apps que han ofrecido a los usuarios acceso fácil a mascarillas baratas.

Manteniendo la democracia durante la crisis

La epidemia también expone la calidad de los liderazgos del mundo. La reelección de la presidenta Tsai Ing-Wen (蔡英文) en enero tuvo lugar cuando la pandemia ya existía en la región. El segundo periodo consecutivo de su Gobierno refuerza los ideales democráticos. El Partido Progresista Democrático ha podido ganarse la confianza de los ciudadanos en parte al promover una agenda democrática, especialmente cuando se trata de mantener la independencia de facto

Por otro lado, como resultado del éxito en el control de la epidemia, se ha podido realizar la elección de funcionarios públicos a través de un referéndum y se han celebrado unas elecciones presidenciales. La opinión pública que ha estado históricamente dividida ahora muestra signos de unidad y reconoce la buena labor del Gobierno. La epidemia ha unido y fortalecido la confianza entre gobernantes y gobernados, el valor de la libertad de expresión y el ejercicio de expresarse por medio del voto.

Indiferencia internacional 

A pesar de su notable éxito, el contexto internacional permanece hostil a Taiwán. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ignora la capacidad de Taiwán para manejar la epidemia y se rehúsa a incluir a este país en los esfuerzos globales en la batalla contra el COVID-19. Esto sucede al mismo tiempo que aumenta el comportamiento intervencionista de la República Popular China en los asuntos de la isla. 

A pesar de su notable éxito, el contexto internacional permanece hostil a Taiwán.

La autocracia del Partido Comunista Chino desea imponer en Taiwán la lógica de “un país, dos sistemas” que ha fracasado en Hong Kong. Las ambiciones económicas y políticas de China nublan la oportunidad de aprender de los avances y logros democráticos conseguidos en Taiwán, donde los ciudadanos evalúan constantemente los principios de transparencia y rendición de cuentas. 

En cambio, las potencias del mundo utilizan a Taiwán como una pieza en la lucha contra China. Los líderes mundiales utilizan a Taipei como un peón. En diversas ocasiones, Bolsonaro, Narendra Modi y Donald Trump han citado a la isla con ánimo de expresar sus desavenencias con Xi Jinping. La acción más evidente es la esperada visita del secretario de salud de los Estados Unidos, Alex Azad, la única visita registrada de un alto funcionario estadounidense a la isla desde 1979. 

El éxito de Taiwán a la hora de controlar el coronavirus le brinda una ventana de oportunidad que pocos han alcanzado en la historia. Una oportunidad que afecta a dos partes: la primera, los propios líderes taiwaneses; la segunda, la comunidad internacional, que tiene la oportunidad de reconocer el valor de las enseñanzas que Taiwán nos puede dejar con respecto al manejo de la pandemia.


20 de agosto del 2020

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El Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas —CADEP— es el núcleo de investigación del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín. Fue fundado en el año 2002 con el objetivo de promover la teoría de la elección pública —en inglés, public choice—, una herramienta de análisis que utiliza la economía para estudiar la política.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.


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