¿Quién dio el golpe? Elecciones Bolivia 2020



Luis Carlos Araujo Quintero

Estudiante del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales. Ferviente creyente de la moderación y del respeto a las reglas justas y correctas. Defensor de la libertad en todas sus dimensiones. 

Más que un proceso de la democracia de Bolivia, las elecciones del 18 de octubre del 2020 fueron un símbolo del poderío del partido Movimiento al Socialismo (MAS), el vehículo de poder del expresidente Evo Morales. Con más del 50% de los votos, el candidato Luis Arce, ministro de economía del presidente referido, ganó las elecciones en primera vuelta. Tanto la presidenta interina, Jeanine Áñez, como el mayor líder de la oposición le concedieron la victoria al sucesor político de Morales. De esta manera, pareciera que el país andino se encamina hacia la democracia y la estabilidad. Sin embargo, estas están en peligro desde hace tiempo y la elección no cambió el rumbo.

Más que un proceso de la democracia de Bolivia, las elecciones del 18 de octubre del 2020 fueron un símbolo del poderío del partido Movimiento al Socialismo (MAS), el vehículo de poder del expresidente Evo Morales.

La elección de Evo Morales se dio durante la llamada marea rosa o socialismo del siglo XXI. Este es un movimiento político de izquierda propio de Latinoamérica que tomó relevancia a finales de los 90 en el contexto del final de la Guerra Fría. En esencia, esta nueva izquierda buscaba el poder político pacíficamente con el afán de hacer sociedades más justas y equitativas. Sin embargo, muchos gobiernos bajo esta dirección política se han vuelto más autoritarios y Venezuela es el caso más evidente. El socialismo de Evo Morales adoptó un elemento adicional debido a la realidad étnica del país: el indigenismo. Este movimiento promueve el empoderamiento de los indígenas americanos, tradicionalmente excluidos de los sistemas políticos y económicos. Esto es especialmente cierto en el caso boliviano, donde el 41% de la población es indígena y son mayoría en muchas regiones rurales. Esta población ha existido históricamente de manera paralela a aquellos que descienden de los españoles y los mestizos al punto de mantener sus propias sociedades tradicionales. De ahí que Evo Morales, el sindicalista campesino indígena, se volviera el líder que agrupó el apoyo de estos grupos para llegar al poder. 

Las elecciones del 2020 en Bolivia no han sido más que el reemplazo de los comicios anulados en el 2019. Este último proceso electoral supuso una explosión de descontento social que confrontó a los partidarios de Morales con su oposición. Desde el 2006, Morales había gobernado el país con gran apoyo popular. Tanto fue su poder que en el 2009 logró pasar una nueva constitución con el apoyo de la Asamblea Constituyente. Este documento reconoció y dio muchos derechos especiales a los indígenas como propiedades colectivas e integración de instituciones tradicionales. Un elemento importante fueron las elecciones, pues se limitaba al presidente a una sola reelección consecutiva. Sin embargo, en 2019, Evo Morales buscaba su cuarto mandato. Muchos denunciaban su perpetuación en el poder debido a su control de las Cortes y del Tribunal Electoral. Así, cuando el presidente ganó las elecciones de 2019 por un estrecho margen, Bolivia cayó en una crisis política. 

Desde el 2006, Morales había gobernado el país con gran apoyo popular. Tanto fue su poder que en el 2009 logró pasar una nueva constitución con el apoyo de la Asamblea Constituyente. Este documento reconoció y dio muchos derechos especiales a los indígenas.

En Bolivia, para ganar una elección se debe tener más del 50% o más del 40% con una diferencia de más del 10% respecto al segundo lugar. Morales ganó en 2019 usando la segunda fórmula. Considerando el caudal electoral de MAS, ganar en primera vuelta le resulta siempre fácil. La oposición, sobre todo los perdedores de la elección Mesa y Camacho, declaró las elecciones como un fraude y empezó a dirigir masivas protestas ciudadanas por todo el país. A su vez, la policía nacional empezó a amotinarse en algunos lugares del país. La demanda general era tener una segunda vuelta. Organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos declararon que sí hubo anomalías en la elección, por lo que recomendaban una segunda vuelta. Ante una crisis cada vez más grande, el ejército nacional se pronunció en contra del presidente pidiendo su dimisión. Así, empeoraron las protestas. Ante esta crisis, Morales renunció junto al vicepresidente y la presidenta del Senado; en pocas palabras, destruyeron la línea sucesoria constitucional del país. Sin embargo, la vicepresidenta del Senado, Jeanine Áñez, alegó ser la nueva presidenta del organismo y, por ende, la nueva presidenta interina. El Senado aprobó esto, aunque faltaban dos tercios del mismo que representaba la bancada de MAS, partido que abandonó el Parlamento. De esta manera, el interinato de Áñez llegó al poder ignorando la Constitución, que requería a la mitad de los senadores presentes para proclamarla. 

Ante una crisis cada vez más grande, el ejército nacional se pronunció en contra del presidente pidiendo su dimisión.

Así, Bolivia llegó a las elecciones del 2020. Una presidenta interina ilegítima, y golpista para algunos, pospuso tres veces las elecciones. Arce, de MAS, partido oficialista bajo Morales que fue el mecanismo que usó el presidente para apoderarse de las instituciones que lo ayudaban a perpetuarse en el poder, ganó las elecciones por amplio margen y con más del 50% de los votos de los ciudadanos del país. Áñez dio las elecciones que prometió, pero el resultado fue el retorno de lo que salió precipitadamente: un gobierno de MAS. Basado en esto, ¿quién dio el golpe en Bolivia entonces? ¿Fue la oposición política anti-Morales, que lo sacó del poder para permitir unas elecciones que consagraron a uno de sus aliados más fieles? ¿Fue el partido oficialista que regresó al poder pese a los abusos de autoridad que cometió su comandante? En realidad, quien dio el golpe fue la mayoría del pueblo boliviano. Y no, no fue un golpe de Estado. Fue un golpe a ellos mismos mediante la elección del poderoso partido que viola la constitución. El problema está en si una débil y dividida oposición la respetaría en su lugar.

En realidad, quien dio el golpe fue la mayoría del pueblo boliviano. Y no, no fue un golpe de Estado. Fue un golpe a ellos mismos mediante la elección del poderoso partido que viola la constitución.

 


27 de octubre del 2020

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El Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas —CADEP— es el núcleo de investigación del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín. Fue fundado en el año 2002 con el objetivo de promover la teoría de la elección pública —en inglés, public choice—, una herramienta de análisis que utiliza la economía para estudiar la política.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.


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