El bosque de El Socorro: el bien común versus el bien privado



Olav Dirkmaat

Director del Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas (CADEP) y profesor de economía en la Escuela de Negocios de la UFM. Tiene un doctorado y un máster en Economía de la Escuela Austriaca de la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid.

“A veces, existe un antagonismo entre el bien común y el bien privado”, declaran algunos. “A veces, lo que es bueno para un propietario es malo para la sociedad”. El ejemplo más reciente es El Socorro; cuando se anunció un proyecto de uso mixto en esta área, en parte bosque, las protestas comenzaron. Estas protestas tienen como fin prohibir la tala del bosque, el cual ocupa la mayor parte del terreno. Una y otra vez se declara: lo que es bueno para los desarrolladores es malo para la población, haciendo referencia al impacto ambiental sobre el agua y a la deforestación. Pero no existe tal antagonismo, tampoco en el caso de El Socorro. Veamos por qué.

El bien común sí es el mismo que el bien privado

Cualquier decisión sobre el uso de una propiedad puede implicar la eliminación de una externalidad positiva recibida por otros propietarios. Uno de los problemas de este caso es que, precisamente, se ha disfrutado hasta este momento de eso, de una externalidad positiva. Una externalidad positiva es un beneficio que un tercero internaliza, aunque sin asumir el costo. 

Uno de los problemas de este caso es que, precisamente, se ha disfrutado hasta este momento, de una externalidad positiva. Una externalidad positiva es un beneficio que un tercero internaliza, aunque sin asumir el costo. 

El típico ejemplo es el del vecino con un jardín espectacular, del cual tú gozas, a pesar de no asumir el costo de su mantenimiento. Si el vecino decide construir un muro muy alto, o eliminar el jardín y asfaltar su propiedad, no es que eso sea algo bueno para él y algo malo para la comunidad.

Si resulta que el propietario ha tomado una mala decisión al eliminar el jardín, esto se verá reflejado en el valor de su propiedad en el mercado. Si los potenciales compradores (“el mercado”) ven una desventaja en la ausencia de verde, el valor de mercado de su propiedad será menor. En caso contrario, será mayor. De esta forma, el mecanismo de precios (las pérdidas/ganancias) incentiva a dar el uso más urgentemente demandado por los consumidores a un terreno (es decir, por “el pueblo”).

Vamos a ver en términos más concretos por qué los vecinos de El Socorro no tienen justificación para parar el desarrollo de este terreno.

Los supuestos efectos negativos de El Socorro

  1. Agua

Uno de los argumentos en contra de El Socorro es que afectará la recarga hídrica y, por lo tanto, la disponibilidad de agua en los pozos en Ciudad de Guatemala.

Sin embargo, el agua en Ciudad de Guatemala es un problema en sí. Cuando la ciudad era más pequeña y estaba lejos de tener el actual nivel de urbanización, el recurso comunal no presentaba ningún problema. Cualquier proyecto colocaba su pozo y extraía agua subterránea del mismo subsuelo. Pero en la medida en que la ciudad ha crecido, este recurso comunal se ha convertido en una tragedia de los comunes. Puesto que el agua no es propiedad de nadie, y nadie está internalizando el costo de mantener el agua, esta se agota cada vez más. En algunas partes de la ciudad, los pozos ya se han secado. 

Es decir, el agua potable se ha comportado como bien comunal en Ciudad de Guatemala y, francamente, el uso de este recurso comunal es insostenible. Sin embargo, el gran problema es que nunca se definió bien la propiedad del agua y nunca se ha regulado su uso.

Eso significa que muchas comunidades dentro del perímetro de la ciudad han disfrutado de un recurso comunal a un costo cuasi-cero. Por ende, impedir el desarrollo de El Socorro es simplemente transferir el poder de compra de unos propietarios a otros propietarios. Haría más pobres a muchos y más ricos a otros a puro decreto gubernamental.

Impedir el desarrollo de El Socorro es simplemente transferir el poder de compra de unos propietarios a otros propietarios. Haría más pobres a muchos y más ricos a otros a puro decreto gubernamental.

Cuando es el gobierno el que asigna rentas y patrimonio a través de prohibiciones, el incentivo del mercado desaparece y, por tanto, ya no se da el uso más urgentemente demandado por el resto de los guatemaltecos. Es decir, no solo sería una pérdida para los propietarios del terreno de El Socorro, sino para muchos otros guatemaltecos que vivirían, trabajarían y comerciarían en este desarrollo en el futuro, y de los cuales aún desconocemos los nombres y caras.

  1. Oxígeno

Otra vez podemos darnos cuenta del free riding que implica esta postura. El terreno siempre ha estado en manos privadas. Se ha convertido de finca a bosque y esto implica que los propietarios adyacentes han disfrutado del oxígeno producto del crecimiento del bosque. Aunque es cierto que los árboles solo aportan oxígeno cuando están en crecimiento (los árboles maduros no brindan este mismo efecto), la cuestión no es esa. La cuestión es que la propiedad de El Socorro ha brindado beneficios a terceros sin el costo asociado a ellos.

Una buena analogía sería que todos los vecinos de El Socorro están usando la suscripción de Netflix del propietario de El Socorro. Cuando este último decide anular su suscripción, los free riders alegan que tiene que seguir pagando su Netflix.

Los actuales propietarios y residentes podrían haber reservado más espacio dentro de sus propios terrenos para plantar árboles. El hecho de que no hayan actuado de esta forma demuestra una preferencia revelada por parte de ellos a favor de usos alternativos en sus terrenos (más espacio residencial, por ejemplo). Son estas preferencias las que cuentan, porque son las preferencias de las personas teniendo en cuenta su costo.

Es incoherente que el hecho de que tú no quieras reservar espacio para árboles en tu propio terreno, porque te haría renunciar a otros usos de este, pueda llevar a querer prohibir a otros propietarios talar árboles en su terreno. Es aún más incoherente decir que esta postura es pro-medioambiente. En realidad, es sumamente anti-medioambiente con la propia propiedad y, en el escenario más optimista, “pro-medioambiente” con la propiedad ajena.

Es incoherente que el hecho de que tú no quieras reservar espacio para árboles en tu propio terreno, pueda llevar a querer prohibir a otros propietarios talar árboles en su terreno. Es aún más incoherente decir que esta postura es pro-medioambiente.

  1. Animales

La extensión de ciudades siempre ha competido con el hábitat de diversos animales. Frecuentemente, la expansión de la ciudad implica una migración de la población animal. Pero aquí, el argumento no es muy diferente a los anteriores: si uno quiere evitar la migración de las ardillas, debe asumir el costo de la naturaleza que logra sostener una población de ardillas. Si uno quiere evitar la migración de pájaros o mariposas, debe asumir el costo de la naturaleza que logra sostener y alimentar sus poblaciones.

La protección de los animales tiene un papel importante en una sociedad próspera y desarrollada, pero el terreno privado de El Socorro no es el lugar para ella.

El futuro de una Guatemala verde

Todos tenemos interés en una ciudad verde y agradable para vivir, trabajar y divertirnos; pero existen otras vías. Algunas de ellas las vemos incluso en ciudades como Nueva York. Para empezar, tenemos que reconocer que el bosque de El Socorro no aporta mucho valor al guatemalteco promedio. Es un bosque, no es un parque, y para convertirlo en un parque que se pueda disfrutar requiere de inversión.

Efectivamente, existen dos alternativas a la prohibición de la tala de árboles y posterior construcción: (a) el municipio compra o utiliza terrenos municipales para convertirlos en parques públicos o (b) los ciudadanos conforman una asociación y compran los terrenos para convertirlos en parques privados o públicos.

La visión por parte de los neoyorquinos con respecto a Central Park ha sido increíble. Cuando Nueva York estaba en pleno crecimiento, Central Park no era tan central como su nombre hace creer (una curiosidad adicional es que este parque está gestionado por Central Park Conservancy, una organización privada sin ánimo de lucro).

La siguiente vista del parque en 1864, seis años después de los primeros trabajos, nos hace darnos cuenta de que Central Park no fue rodeado por edificios cuando fue construido. Fue convertido en parque mucho antes de su urbanización y, mientras Nueva York crecía y se urbanizaba, el parque se volvió un punto focal de la ciudad y fue rodeado por una increíble cantidad de viviendas verticales. Pero hubo un claro antes y después.

En otras palabras: tener una ciudad verde requiere de un municipio y de ciudadanos que (a) exijan verde en las áreas públicas de la ciudad (i.e., calles) y (b) que tengan suficiente visión como para adelantarse a la expansión de la misma y reserven terrenos (comprándolos) para parques públicos y espacios verdes.

Tener una ciudad verde requiere de un municipio y de ciudadanos que exijan verde en las áreas públicas de la ciudad y que tengan suficiente visión como para adelantarse a la expansión de la misma.

Es aquí donde tenemos que encontrar soluciones para una ciudad verde, no en atropellar el mecanismo de precios que determina  el uso del suelo.


24 de noviembre del 2020

¿Quiénes somos?

El Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas —CADEP— es el núcleo de investigación del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín. Fue fundado en el año 2002 con el objetivo de promover la teoría de la elección pública —en inglés, public choice—, una herramienta de análisis que utiliza la economía para estudiar la política.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.


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