¿El fin de una era? Elecciones en Nicaragua 2021 en una Centroamérica encaminada al autoritarismo

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Las elecciones en Nicaragua en noviembre de 2021 son una farsa. Con un 65 % de los votos, el dictador Daniel Ortega ganó su cuarto mandato consecutivo. Más que ser un reflejo de la voluntad popular, este resultado es consecuencia de la persecución sistemática de miembros de la oposición nicaragüense. En Centroamérica, tanto la organización supranacional como los Estados miembros debaten sobre cómo reaccionar. Infortunadamente, la democracia no es el fuerte de esta región. Es más, la última década ha visto una regresión autoritaria en muchas de estas jóvenes democracias.

La historia de una nación fallida

Centroamérica hoy en día es una región. Sin embargo, hace 170 años era un país. Surgió como una nación fracturada en una independencia conservadora y forzosa del Imperio español por la presión internacional. Tras un intento de anexión a México, el país se volvió una federación liberal en 1823. Dos décadas y varias guerras civiles después, Centroamérica terminó por fragmentarse en 5 de los 6 países modernos de la región: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. La independencia de Panamá a principios del siglo XX terminó por completar la región actual.

Estos seis países se desarrollaron de maneras muy diferentes a lo largo del tiempo. Hasta mediados del siglo XX, todos los países se alternaron entre dictaduras liberales y conservadoras.  Esto empezó a cambiar en la década de 1940, especialmente con las democratizaciones de Costa Rica y Guatemala. Sin embargo, en los 50 se revirtió el avance de mano de dictaduras anticomunistas apegadas a los Estados Unidos, exceptuando Costa Rica. Otra anomalía en la región fue Nicaragua a partir de 1979. Este país fue tomado por una guerrilla comunista que creó una dictadura única en el istmo.

La democracia: Esquipulas I y II

En los 80, ante el colapso del comunismo internacional, los Estados Unidos dejaron de apoyar abiertamente a las dictaduras militares del istmo. Los nuevos presidentes civiles de la región se unieron para firmar dos tratados internacionales: Esquipulas I y II. Se comprometieron a terminar las guerras internas y cooperar de manera cercana a nivel interestatal.

Estos tratados fueron el punto de partida para la paz en la región, así como para el relanzamiento de la integración económica centroamericana nacida en los 50 bajo una égida anticomunista. Así, nace el Sistema de Integración Centroamericano (SICA), organismo internacional dedicado al mantenimiento de la paz y democracia regional, así como al desarrollo socioeconómico. Esto se puede ver como un sistema policéntrico regional: varios centros de toma de decisión que compiten para ayudarse mutuamente a mejorar. Esta ola de democratización y cooperación, sin embargo, empezó a tener fracturas a partir de la primera década de los 2000.

¿El regreso del autoritarismo?

Pese al carácter democrático del organismo internacional, sus países miembros están sufriendo un regreso autoritario. La democracia a nivel mundial está en un franco retroceso. Esto se da no solo por el recrudecimiento de las dictaduras existentes, sino por el surgimiento de nuevos autoritarismos. Centroamérica es un ejemplo del fenómeno, ya que 4 de 6 países han sufrido un retroceso en cuanto a su democratización.

Tabla 1: Índice de democracia

El cuadro anterior es un resumen de Centroamérica en el índice de democracia. La calificación es de 0 a 10, siendo 10 los países con mayor democracia. Todas las tonalidades de azul son democracias; mientras más claro, más deficiente. El amarillo y el anaranjado son regímenes híbridos, es decir, tipos de gobierno intermedios entre democracia y dictadura, mientras el rojo ya es autoritarismo.

En 2006, todos los países salvo Nicaragua tenían algún tipo de democracia. Para 2020, el istmo tiene una dictadura plena en Nicaragua y tres regímenes híbridos en el Triángulo Norte: Guatemala, El Salvador y Honduras.  Solo Costa Rica y Panamá se han mantenido estables democráticamente.

Autoritarismo en la diversidad

Pese al retroceso generalizado, no se puede hablar de un solo tipo de autoritarismo en estos países. Los desarrollos de cada uno están basados en las instituciones propias de cada país. Nicaragua es el ejemplo más claro. La única dictadura plena de la región nace de la concentración del poder en la pareja presidencial: Ortega y Rosario Murillo. Ortega ha gobernado desde 2007 a través de la reelección con su guerrilla sandinista vuelta partido. El régimen se recrudece con la ascendencia de su mencionada esposa a la vicepresidencia en 2017. El 2021 vio la persecución judicial de la oposición legítima, mientras se creó una falsa oposición servil para legitimar al régimen. Así, los Ortega Murillo crearon una nueva dinastía política al estilo de la familia Somoza que derrocaron en 1979.

Honduras y El Salvador son casos de bipartidismos fracasados. El problema hondureño se remonta al 2009 cuando se llevó a cabo un golpe de Estado contra el presidente Zelaya. De corte chavista y socialista, este presidente fue derrocado por facciones de su propio partido, el liberal, y por el conservador Partido Nacionalista. Desde entonces, este último partido es el que domina el país, pues ha concentrado el poder, permitido la reelección presidencial y fragmentado la oposición. Al estilo de la Guerra Fría en Centroamérica, los nacionalistas ya no permiten la alternancia en el poder con la excusa de mantener al socialista fuera. En El Salvador, el bipartidismo fue destruido, pero por una figura populista. Ante el desgaste del derechista ARENA y el izquierdista FMLN, dominantes en el país desde los 90, Bukele surge como el presidente antisistema. Tras las elecciones legislativas de 2021, su partido consiguió una mayoría abrumadora en el Congreso, lo cual ha usado para purgar a la Corte Suprema de Justicia, así como a un tercio del sistema judicial. Ante este escenario, el mandatario tiene pocos límites para concentrar el poder.

Paradoja de la democracia

¿Por qué existen estos retrocesos democráticos? Aunque es imposible identificar una sola causa, la idea de la paradoja de la democracia es sumamente útil para explicar el fenómeno. En esencia, en muchos casos se asume que las políticas de un autoritarismo son perjudiciales y que democratizar el país mejoraría el bienestar de la población. Sin embargo, la democracia en muchos casos mantiene políticas igualmente dañinas. Basado en esto, daría igual qué tipo de régimen se tiene, pues el daño es igual y los pocos beneficiados son los mismos. Por ejemplo, la inestabilidad económica de las transiciones democráticas se ha vuelto un estancamiento económico en términos del crecimiento del PIB en los 15 años de autoritarismo resucitado.

Otra razón para este fracaso es el fallo de las restricciones constitucionales. Las instituciones formales e informales antidemocráticas del sistema han sido reutilizadas. En Nicaragua, la democracia partidista fue asfixiada por una nueva familia política: los Ortega Murillo. En Honduras, uno de los dos antiguos partidos tradicionales tomó el poder en nombre de la salvación nacional contra un populista chavista. En El Salvador, fue el populista pragmático quien se está haciendo con las instituciones del Estado y excluyendo a los partidos dominantes.

¿Y Guatemala? Es un caso extraño. Aunque es el peor calificado después de Nicaragua, esto se debe más a su falla institucional. No es una familia, un potencial partido hegemónico o un populista apolítico lo que fomenta el autoritarismo. El problema es la falla estatal: presidentes débiles por escándalos de corrupción, persecución judicial selectiva y movimientos paraestatales que minan la democracia. Mientras tanto, el SICA, nacido para la democracia, se ve incapaz de actuar. No es como la Unión Europea que frena a sus miembros autoritarios. Está dejando de servir a sus Estados miembros: es un policentrismo fracasado. Solo el tiempo dirá si el gran esfuerzo por la democracia y la paz centroamericana fue en vano.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor. Las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la UFM.

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Luis Carlos Araujo Quintero

Estudiante del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales. Ferviente creyente de la moderación y del respeto a las reglas justas y correctas. Defensor de la libertad en todas sus dimensiones. 

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