Entre la rebelión y la revolución: las protestas en Irán en 2022

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Irán, desde septiembre de 2022, está inmerso en protestas masivas por el asesinato de Mahsa Amini a manos de la policía. Fue apresada por usar mal el hijab, velo de uso obligatorio en esta dictadura islamista de Medio Oriente. Este acto de abuso estatal activó las protestas. El Estado ha intentado reprimirlas, pero los manifestantes no ceden, en particular las mujeres que son legalmente suprimidas. ¿Es posible un colapso del régimen actual en Irán?

Irán: imperio antiguo vuelto dictadura militar-religiosa

Irán, antes Persia, es una de las civilizaciones continuas más antiguas de la humanidad. Desde hace 2500 años ha sido una de las grandes potencias del actual Medio Oriente. Su tradición imperial es anterior a la china o la romana. Como el resto del mundo, su monarquía tradicional sufrió presiones modernizadoras a raíz de las ideas liberales venidas de Europa y el colonialismo europeo. Si bien hubo un movimiento prodemocracia, este fracasó frente a una política altamente militarizada debatida entre monarquistas e islamistas radicales. Los primeros gobernaron el país de 1925 a 1979 con una política de modernización económica y social. Para esto, explotaron el petróleo con inversión extranjera británica-estadounidense y secularizaron la sociedad del país. Estos dos factores llevaron a rebelión de los islamistas en 1979. 

Si bien hubo un movimiento prodemocracia, este fracasó frente a una política altamente militarizada debatida entre monarquistas e islamistas radicales.

La Revolución iraní de 1978-1979 fue un movimiento inicialmente antimonarquista. Comunistas, nacionalistas, intelectuales e islamistas unieron fuerzas para derrocar a un rey que consideraban un títere de Occidente que violaba las tradiciones islámicas del país. En los siguientes 10 años, los ayatolás, líderes religiosos del islam chií iraní, purgaron a todos los revolucionarios no islamistas para crear una dictadura militar-religiosa. Aprovechando la guerra con Irak de 1980-1988, los islamistas construyeron su sistema de gobierno para garantizarse el control y afianzarse en el poder. 

Las instituciones de la República Islámica de Irán

El Gobierno del Irán moderno tiene dos pilares: el político y el religioso. El político funciona de manera similar a cualquier otro sistema con elecciones, pues se elige un presidente y un Congreso. El religioso está compuesto por el Líder Supremo, la Asamblea de Expertos y el Consejo de Guardianes. El pilar religioso debe primar sobre el político. El Líder Supremo es el jefe de Estado de Irán y es quien supervisa e interviene a las tres ramas políticas para garantizar el respeto a la ley islámica. La Asamblea es un grupo popularmente electo de juristas musulmanes que deben escoger al Líder y destituirlo si no respeta la ley islámica. Finalmente, el Consejo es un órgano de 12 juristas musulmanes que controlan quién puede participar en las elecciones a todos los cargos públicos y aprueban las leyes del Congreso. Aunque la constitución pone límites y contrapesos entre los organismos, el Líder Supremo es quien controla todas las instituciones; controla quién puede ser electo y limita su accionar. Así, Irán tiene un sistema formalmente parecido al semipresidencialismo o monarquía constitucional: tiene jefes de Estado y Gobierno separados. Los organismos adicionales, sin embargo, son el control que el jefe de Estado utiliza para concentrar el poder en esta dictadura. 

Aunque la constitución pone límites y contrapesos entre los organismos, el Líder Supremo es quien controla todas las instituciones; controla quién puede ser electo y limita su accionar.

Considerando que Irán está entre el 10 % de los países más autoritarios del mundo, suena contradictorio que haya elecciones constantes. Sin embargo, esto se debe a que todo autoritarismo tiene límites a su control y abuso de autoridad. Esto es un hecho científico y no una apología a la dictadura; salvo en los totalitarismos, todo sistema político tiene algún grado de competencia por limitado que sea. 

En el caso iraní, dicha competencia limitada se puede ver en la alternancia en el poder. Desde la consolidación de la República Islámica con el ascenso del entonces presidente Jamenei a Líder Supremo modificando la constitución para permitir su elección en 1989, Irán tiene una suerte de bipartidismo entre conservadores y reformistas. Todos deben ser islamistas para poder competir, pero la alternancia en el poder incide en cómo se gobierna el país y en las relaciones con Occidente. Ambos bandos también tienen facciones internas: hay conservadores pragmáticos y nacionalistas como hay reformistas fuertes y moderados. La relación con la sociedad civil, bastante fuerte pese a estar en el marco de un autoritarismo, es lo que hace de las protestas comunes en la dictadura islámica. 

La relación con la sociedad civil, bastante fuerte pese a estar en el marco de un autoritarismo, es lo que hace de las protestas comunes en la dictadura islámica.

Protestas y administraciones en la dictadura islámica-militar

Otra anomalía de esta dictadura es la cantidad de protestas de alcance nacional que existen, sobre todo desde los 90. Asumir que todas son iguales y que son un camino inevitable hacia la caída del régimen sería simplista. Para analizar las protestas, se pondrán dentro del marco de cada administración. La primera protesta significativa fue en 1994. Este se dio en el marco de la desigualdad económica que provocó la liberalización monopólica de la industria petrolera durante la administración conservadora pragmática de 1989 a 1997. La siguiente protesta importante fue en 1999, cuando universitarios se levantaron contra el Gobierno por el cierre de medios de prensa. Esta se dio en la administración reformista fuerte de 1997-2005, la cual buscaba la liberación social del país al reducir los elementos autoritarios del régimen. El cierre de medios es responsabilidad del Líder que se opuso a la agenda del Gobierno, lo que hizo de las protestas progobierno, pero antirrégimen. El siguiente ciclo de protestas relevante es 2009-2012, llamado el Movimiento Verde. En esta ocasión, los iraníes se rebelaron contra el intento de la administración conservadora nacionalista de 2005-2013 de reelegirse fraudulentamente en el marco de sanciones internacionales por su programa nuclear posiblemente armamentístico. En 2011, se recrudecieron por inspiración de la Primavera Árabe, movimiento civil altamente antiautoritario. 

Otra anomalía de esta dictadura es la cantidad de protestas de alcance nacional que existen, sobre todo desde los 90.

Las protestas de 2022 son, en realidad, parte de un ciclo de protestas ininterrumpido desde finales de 2016. Estas empezaron en la administración reformista moderada de 2013-2021 y continuaron con la nueva administración conservadora nacionalista desde 2021. Es la primera vez que las protestas trascienden una administración. Si bien hubo una etapa de calma entre 2012 y 2016, en su mayoría gracias a la administración reformista que negoció el acuerdo de contención nuclear con Estados Unidos, Europa, Rusia, China y la ONU, el sufrimiento económico y político del régimen fue exacerbado por muchos factores. El colapso del acuerdo nuclear, culpa del retiro de los Estados Unidos de Trump, y la pandemia empeoraron una economía debilitada por sanciones. Hubo protestas por la escasez de agua y la reducción de los subsidios estatales a bienes de primera necesidad. Otras, como las de 2022, se dieron por abusos de autoridad que sobrepasaron la tolerancia de la sociedad civil. La represión es algo que debe usarse con cuidado: suficiente para asustar, pero no demasiada para indignar. 

Otras, como las de 2022, se dieron por abusos de autoridad que sobrepasaron la tolerancia de la sociedad civil.

Implicaciones de las protestas iraníes actuales

Para analizar estas protestas violentas, es necesario un esbozo de la violencia colectiva, es decir, movimientos que usan la fuerza para alcanzar fines políticos. Existen golpes de Estado, rebeliones y revoluciones. El golpe es un fenómeno interno al Estado. Por ende, requiere una ruptura interna que haga que una parte se subleve. Esto no implica grandes cambios sociales. Las rebeliones y las revoluciones son externas al Estado. La rebelión requiere una movilización social, pero no generalizada, que use la violencia para transmitir sus exigencias. Puede lograr un cambio limitado. Una revolución, sin embargo, requiere una movilización general de todos los niveles sociales, además de la toma del Estado que se rompe ante la presión externa para generar cambios sociales grandes. Todos los tipos definidos anteriormente prosperan más si existe un escenario internacional favorable. En el caso iraní, las protestas hasta 2016 podrían calificarse como rebeliones por su limitada amplitud social y su poco interés de tomar el Estado como tal. A nivel preliminar, el ciclo actual de protestas pareciera tener una amplitud social no vista antes. Con tantos niveles sociales levantándose por temas diferentes, podría empezar a verse la amplitud social que una revolución necesita. Hay inclusive críticos dentro de la Asamblea. Sin embargo, la Guardia Revolucionaria, el ejército paralelo del Líder Supremo creado para quitarle poder al ejército prerrevolucionario, no parece fragmentarse en favor de los protestantes. Es la primera vez que la Guardia interviene directamente contra las protestas, cuando antes recurría a su fuerza paramilitar voluntaria aliada. 

A nivel preliminar, el ciclo actual de protestas pareciera tener una amplitud social no vista antes. Con tantos niveles sociales levantándose por temas diferentes, podría empezar a verse la amplitud social que una revolución necesita.

Un elemento novedoso de este ciclo de protestas, parte de su amplitud social, es el origen de las protestas en las minorías étnicas. Es la primera vez que las protestas de espectro nacional se originan en las provincias con mayoría no iraní, como el Juzestán árabe o Kurdistán. El fallo del Estado clientelar iraní y su abuso desproporcionado a las minorías étnicas regionalmente mayoritarias, como en Baluchistán, han llevado a estos movimientos separatistas al frente del escenario nacional. 

El vínculo Líder Supremo-Guardia Revolucionaria y posible intervención extranjera

El mandato de Jamenei desde 1989 ha llevado a la Guardia Revolucionaria a ser la institución más poderosa de Irán informalmente. El Líder con la Guardia son el verdadero control de lo político y lo económico en el país. Las sanciones hicieron que la Guardia dominara la economía mediante mercados negros internacionales. A nivel político, el control de este ejército prácticamente personal y fanático del Líder hace que nadie se oponga a él por miedo al uso de la fuerza paramilitar. En el extranjero, el ejército formal de la Guardia es el constructor imperial de Irán con sus intervenciones en Líbano, Siria, Irak y Yemen. 

A nivel político, el control de este ejército prácticamente personal y fanático del Líder hace que nadie se oponga a él por miedo al uso de la fuerza paramilitar.

Estas acciones exteriores le han valido muchos enemigos a Irán adicionales a Occidente, como Turquía o Arabia Saudita. Considerando que Irán tiene movimientos secesionistas fuertes en todas sus fronteras internacionales vinculados a las protestas —menos Turkmenistán—, el prospecto de intervención es riesgoso. El secesionismo del Juzestán árabe podría ser apoyado por Arabia Saudita para debilitar a su archienemigo regional. Existe un movimiento secesionista armado kurdo activo en Siria y Turquía vinculado con una provincia autónoma en Irak que podría intentar intervenir en el Kurdistán iraní. El secesionismo baluchi opera desde un Pakistán cada vez más inestable a raíz de la nueva caída de Afganistán frente al Talibán. Finalmente, el área azerí, relacionada al Azerbaiyán independiente, es uno de los puntos más conflictivos. Contraintuitivamente, ninguna de las grandes potencias se beneficiaría de la caída del régimen iraní en una revolución. A diferencia de 1979 cuando estaba rodeado por dictaduras estables, el Irán de 2022 está rodeado por Estados fallidos o en guerra civil. Un colapso iraní aumentaría la conflictividad en la región. China compra su petróleo aquí. Rusia recibe armas para su guerra también. Además, Irán y Occidente cooperaron tácitamente en las invasiones de Afganistán en 2001 e Irak en 2003 al apoyar a la misma facción, aunque por razones diferentes. Finalmente, todas las potencias quieren contener las capacidades nucleares iraníes. 

A diferencia de 1979 cuando estaba rodeado por dictaduras estables, el Irán de 2022 está rodeado por Estados fallidos o en guerra civil. Un colapso iraní aumentaría la conflictividad en la región.

¿A medio camino entre una rebelión y una revolución?

En conclusión, las actuales protestas en Irán suponen el mayor reto a la República Islámica desde su fundación en 1979. Existen varios grupos de interés alineados contra el régimen. A diferencia de ciclos de protestas anteriores, este ciclo parece tener una amplitud social mayor, requisito de una revolución. Asimismo, existen algunas voces críticas de la represión dentro del Gobierno y se debió usar la Guardia Revolucionaria por primera vez para contener las protestas. El protagonismo novedoso de minorías secesionistas posibilita a Estados y actores no estatales enemigos a intervenir en todas las fronteras. 
Como freno a la revolución, existen dos grupos de interés poderosos. Primero, la alianza Líder Supremo-Guardia Nacional supone la mayor fuerza en la dictadura. Las instituciones constitucionales de la República que pretenden una división de poderes no funcionan, ya que políticamente el Líder controla todos los cargos electos con una fuerza armada inquebrantable por su fanatismo religioso como apoyo, pese a la rotación de poder. Asimismo, las grandes potencias, pese a su enemistad o sospecha, prefieren un Irán estable para no desestabilizar más el Medio Oriente y contener la tecnología nuclear. Así, Irán en 2022 está enfrentado entre dos conjuntos de grupos de interés que dejan al país en el limbo entre gran rebelión y revolución naciente.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor. Las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la UFM.

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Luis Carlos Araujo Quintero

Estudiante del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales. Ferviente creyente de la moderación y del respeto a las reglas justas y correctas. Defensor de la libertad en todas sus dimensiones. 

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