El hambre eterno por el subsidio



Otto R. Solórzano

Politólogo con especialización en comercio exterior del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la UFM. Ha sido miembro del equipo de Model UN y de la Asociación de Estudiantes William E. Gladstone. Es profesor auxiliar del curso de Pensamiento Crítico.

Hace unas semanas, Edgar Gutiérrez comentaba los privilegios que tanto la derecha como la izquierda tienden a promover cuando llegan al poder. Uno de los ejemplos más claros de esos privilegios son los subsidios. Hace ya algunas semanas se llevaron a cabo en España los premios Goya, el equivalente español a los Oscar. En la alfombra roja destacaron las declaraciones del director del séptimo arte Eduardo Casanova. En esta, el director exigió al nuevo presidente del Gobierno español “dinero, dinero público para apoyar el cine”.

Como maximizador de rentas, el director sostiene que es imprescindible el apoyo de fondos públicos para crear cine. Debemos recordar que los subsidios son la erogación de un fondo para un grupo o actividad específica. En Guatemala, el cliché es el honroso subsidio para el transporte público urbano. Estas ayudas o subvenciones tienen ciertos efectos tanto económicos como políticos y en estas líneas intentaremos dejar claro —con ayuda de Murray Rothbard— por qué debemos ponerle freno. 

Primero, las ayudas o subvenciones crean un proceso de distribución de riqueza, no de redistribución. Esto se debe a que los fondos son asignados a un grupo o a personas que desarrollan una actividad específica. En otras palabras, el gran beneficiario de estas ayudas no es el pueblo en general. Los grandes triunfadores de estas concesiones son los miembros del grupo que se aseguró de obtener esta renta del Estado. Si utilizamos el caso del cine, este sector se estaría beneficiando de miles de millones de euros en subsidios y esto no garantiza que las películas producidas sean un éxito o ganen un Oscar. Simplemente se está beneficiando a un grupo a costa de otros; es decir, le damos a un grupo, no a todos.

Las ayudas o subvenciones crean un proceso de distribución de riqueza, no de redistribución.

Segundo, premia a los ineficientes a costa de los eficientes. Las subvenciones tienen el efecto de distorsionar el sistema de precios dejando a un lado la producción eficiente y de calidad. Esto genera que una empresa pueda producir un servicio de mala calidad, pero subsidiando sus ingresos fijos, ya que no depende de los consumidores. Un ejemplo claro, mencionado anteriormente, es el transporte público en Guatemala. Su jugoso subsidio y demás privilegios han generado un servicio ineficiente a costa de los contribuyentes. El subsidio inicial era en el año 1977 de 3.3 millones de quetzales, que en el 2011 fueron ampliados a 2500 millones. Como expresa la teoría del public choice, mayor presupuesto no es igual a mejor política pública. 

Por último, y no por eso menos importante, hay dos formar de obtener riqueza. La primera, por medios económicos; la segunda, por medios políticos. En el caso de los subsidios, estos son otorgados por medios políticos creando rentistas en varios sectores. Esto desplaza la producción eficiente, la mejora y la innovación en los productos y servicios. Por su parte, los medios económicos necesitan de una buena producción y de la aprobación de los clientes para poder generar riqueza y utilidades; algo que los medios políticos no otorgan. Consecuentemente, los subsidios generan servicios ineficientes y de poca calidad a costa del beneficio para un grupo o sector. 

Por su parte, los medios económicos necesitan de una buena producción y de la aprobación de los clientes para poder generar riqueza y utilidades; algo que los medios políticos no otorgan.

En conclusión, los subsidios son grandes distorsionadores del día a día y sus efectos son garrafales para la sociedad y la acción humana. Rothbard lo deja muy claro: «Si el método de subsidio se generaliza, todos intentarán obtener el control del gobierno. Se olvidará más y más la producción, porque la gente dedicaría sus energías a la contienda política, buscando su botín»

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10 de marzo del 2020

¿Quiénes somos?

El Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas —CADEP— es el núcleo de investigación del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín. Fue fundado en el año 2002 con el objetivo de promover la teoría de la elección pública —en inglés, public choice—, una herramienta de análisis que utiliza la economía para estudiar la política.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.


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