Consecuencias no intencionadas y pandemias



Otto R. Solórzano

Politólogo con especialización en comercio exterior del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la UFM. Ha sido miembro del equipo de Model UN y de la Asociación de Estudiantes William E. Gladstone. Es profesor auxiliar del curso de Pensamiento Crítico.

El coronavirus o COVID-19 ha puesto al mundo de cabeza. Por muy desarrollado que sea un país o por muy robusto que sea su sistema de salud pública, el CODVID-19 nos ha puesto a temblar a todos. Algunos ya se estarán preguntando qué tienen que ver los efectos no intencionados y las pandemias. En las siguientes líneas trataré de establecer por qué las pandemias SARS —Síndrome Agudo Respiratorio Grave o SARS-CoV-1— y  COVID-19 —SARS-CoV-2— pueden ser consideradas unos de ellos.

Al igual que el mercado —según la teoría del public choice— el gobierno puede tener algunas fallas o efectos inesperados.

Primero lo primero, ¿que es una consecuencia no intencionada? Al igual que el mercado —según la teoría del public choice— el gobierno puede tener algunas fallas o efectos inesperados. En este caso, son efectos no esperados como resultado de alguna ley, política pública o decisión política. No obstante, estos pueden ser positivos o negativos, lo que quiere decir que una consecuencia no intencionada no es necesariamente mala de por sí. La acción estatal, en su espíritu de crear panaceas, acumula todo un archivo de ejemplos negativos. 

Es aquí donde está su conexión con las dos enfermedades antes mencionadas: el SARS y el COVID-19. Ambas enfermedades se han originado en la República Popular China, país con uno de los Estados más grandes e intervencionistas del mundo. Ambas enfermedades mutaron en un mercado chino, la primera en Foshan y la segunda en Wuhan, y, por supuesto, las dos en mercados donde se comercializaban animales de todo tipo, en especial los salvajes. Sobre el peligro de esta práctica ya nos habían alertado los científicos, tal y como señalaba en un panel de expertos el doctor David Prado Cohrs, que durante su intervención rescató un artículo académico que lleva por título “Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus as an Emerging and Reemerging Infection”. En esta publicación del 2007 ya se mencionaba que “la presencia de un gran reservorio de virus parecidos al SARS-CoV en murciélagos de herradura junto a la cultura china de comer mamíferos exóticos en el sur de China, constituye una bomba de tiempo”.

Lo anterior ha generado que se desarrolle un gran mercado de animales salvajes. Este mercado fue promovido por el Estado chino con una ley para el fortalecimiento del mercado de animales salvajes que tenía como fin alimentar a sus habitantes, debido a la falta de alimentos del país. A pesar de estar “regulada”, esta actividad carece de estándares o normativas sanitarias que protejan a los consumidores.  Tras el brote de SARS en el 2003, el Gobierno decidió anular la ley de promoción de esta industria, pero la industria y su mercado habían crecido tanto en tamaño e influencia dentro la administración que la ley fue restablecida años después. El resultado de esta serie de acciones produjo un efecto inesperado, una pandemia que hoy tiene al mundo en pausa. 

A pesar de estar “regulada”, esta actividad carece de estándares o normativas sanitarias que protejan a los consumidores.

En resumen, hay consecuencias de decisiones gubernamentales que no esperamos o no podemos predecir. Son algo muy natural, ya que el conocimiento está disperso y no podemos centralizarlo. A pesar de que tengamos Estados fuertes o grandes que planifiquen y traten de centralizar  la información, los efectos inesperados seguirán existiendo. Tanto el SARS como el COVID-19 han sido resultados no esperados de la promoción del consumo de animales salvajes que fueron declarados bienes públicos y desarrollaron una sector lo suficientemente fuerte para demandar al Estado privilegios con tal de mantener sus ingresos o preferencias. Esto ha cargado al resto de la población mundial con los efectos de dos pandemias. 


21 de abril del 2020

¿Quiénes somos?

El Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas —CADEP— es el núcleo de investigación del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín. Fue fundado en el año 2002 con el objetivo de promover la teoría de la elección pública —en inglés, public choice—, una herramienta de análisis que utiliza la economía para estudiar la política.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.


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