¿Del autoritarismo militar al autoritarismo democrático? Elecciones en Myanmar 2020



Luis Carlos Araujo Quintero

Estudiante del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales. Ferviente creyente de la moderación y del respeto a las reglas justas y correctas. Defensor de la libertad en todas sus dimensiones. 

Tras las elecciones del domingo 8 de noviembre en Myanmar, todo apunta a que la Liga Nacional para la Democracia (NLD) y su líder, la activista Aung San Suu Kyi, van a renovar su mayoría parlamentaria para poder escoger al presidente del país. Ella no va a ser electa, pero seguirá ocupando su rol de consejera de Estado. Estas son las segundas elecciones “libres” del país desde que el ejército abandonó su gobierno autoritario en 2011, sin embargo, estas fuerzas no están lejos de la política. Hasta la antigua opositora debe trabajar con las fuerzas castrenses para gobernar efectivamente. Además, este evento se da en un contexto de pequeñas guerras civiles en las provincias del país habitadas por minorías y en las cuales no se pudo votar. Por todo lo anterior, estas elecciones no son más que un formalismo para mantener un sistema híbrido entre democracia y autoritarismo en el que aparece un nuevo elemento de discriminación política basado en la etnia. 

Estas elecciones no son más que un formalismo para mantener un sistema híbrido entre democracia y autoritarismo en el que aparece un nuevo elemento de discriminación política basado en la etnia.

Myanmar es un país históricamente gobernado por el ejército a través de dictaduras. La colonia británica pasó a ser en 1948 un sistema multipartidista con un partido hegemónico nacionalista de izquierda ligado al ejército. Este partido se volvió una dictadura socialista completa a través de un golpe de Estado en 1962. En 1988, el desgaste político llevó a un golpe por el mismo ejército, que intentó democratizar el país. En 1990, la NLD y Aung San Suu Kyi ganaron las elecciones. El ejército no reconoció los resultados y apresó a la activista, quien ganó un Premio Nobel de la Paz por su lucha. En el 2003, el ejército, aún en el poder, decidió crear un plan para democratizar al país sin fechas establecidas. En el 2008, se aprobó una nueva constitución que garantiza que un cuarto de ambas cámaras sea designado por el ejército. Asimismo, el ejército siempre controla tres ministerios: Defensa, Asuntos Domésticos y Asuntos Fronterizos. La misma constitución prohíbe que Suu Kyi sea presidente, pues se excluye a personas con hijos extranjeros de ostentar este cargo. En este contexto, las primeras elecciones de 2010 no estuvieron abiertas a esta líder.

En el 2008, se aprobó una nueva constitución que garantiza que un cuarto de ambas cámaras sea designado por el ejército. Asimismo, el ejército siempre controla tres ministerios: Defensa, Asuntos Domésticos y Asuntos Fronterizos.

La situación cambió, al menos aparentemente, a partir del 2015. La NLD ganó una vasta mayoría para poder formar un gobierno. El presidente electo era un íntimo amigo de Suu Kyi. Ella también recibió un cargo llamado “consejera nacional”. Este fue creado por el nuevo gobierno y le permitía fungir como primera ministra. Aunque el puesto fue denunciado como inconstitucional, su partido lo mantuvo. 

El nuevo gobierno ha luchado contra insurgentes en algunas provincias de Myanmar que amenazaban su cohesión territorial. Estas provincias son áreas montañosas y costeras del país que buscan su independencia política por estar habitadas por minorías étnicas excluidas. La mayoría de la población del país pertenece a la etnia bamar, grupo que ha controlado el gobierno y excluido a otros grupos étnicos del poder. Suu Kyi, ahora aliada con el ejército, ha reprimido poblaciones en las provincias habitadas por minorías étnicas. El caso más sonado es el de los rohinyá, quienes han emigrado en masa a Bangladesh ante ataques militares. La activista está tan involucrada con el ejército que ahora lo defiende a nivel internacional cuando antes lo denunciaba por acciones similares. 

En el 2020, la represión a las minorías alcanzó un nuevo nivel: la negación arbitraria del voto. Pese al hecho de que hay sufragio universal, el voto fue suspendido en varias áreas de las provincias donde las minorías son dominantes. Usando la ley antiterrorista y las guerrillas como excusa, se les negó el voto a estos habitantes. Cabe mencionar que en estas provincias la NLD tiende a perder en favor de los partidos étnicos regionales. Los rohinyá tuvieron peor suerte: su nacionalidad fue retirada por sospechas infundadas de ser extranjeros. Con esto, hasta 2 millones de electores de los 37 millones del país no pudieron ejercer su derecho al voto. 

En el 2020, la represión a las minorías alcanzó un nuevo nivel: la negación arbitraria del voto.

Los rohinyá tuvieron peor suerte: su nacionalidad fue retirada por sospechas infundadas de ser extranjeros. Con esto, hasta 2 millones de electores de los 37 millones del país no pudieron ejercer su derecho al voto. 

La victoria de la campeona de la democracia de Myanmar deja de parecer una victoria para la democracia. El ejército no deja de tener poder, pues hasta la misma constitución garantiza que controla un 25% del Congreso sin reto alguno. Un gobierno opositor, si se logra uno, ve sus poderes limitados, pues no controla algunos ministerios vitales. Es más, esta constitución tiene dedicatoria a Suu Kyi: la provisión que le prohíbe ser presidenta fue creada para ella por haber tenido hijos con un extranjero en el exilio. Sin embargo, una vez en el poder, su partido ha logrado darle la posición legal para hacer verdaderos cambios en el país. El problema está en los derechos civiles. Es preocupante que alguien que lucha por la democracia confabule con el antiguo opresor de su país para eliminar a sus enemigos políticos. Se supone que su gobierno debe liberar a todo el país, no reemplazar al ejército con una tiranía de la mayoría basada en la etnia dominante del país. Esto podría interpretarse como una medida provisional para quitarle el poder al ejército; tener a este último de enemigo supondría perder lo que se ha ganado. El problema es que en política lo provisional puede volverse eterno. Así, Myanmar es un auténtico autoritarismo competitivo: institucionalidad democrática en apariencia, pero autoritario en la práctica. 

Es preocupante que alguien que lucha por la democracia confabule con el antiguo opresor de su país para eliminar a sus enemigos políticos.


1 de diciembre del 2020

¿Quiénes somos?

El Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas —CADEP— es el núcleo de investigación del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín. Fue fundado en el año 2002 con el objetivo de promover la teoría de la elección pública —en inglés, public choice—, una herramienta de análisis que utiliza la economía para estudiar la política.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.


Otros artículos que te pueden interesar


Polarización: la nueva amenaza hacia la democracia

Los Estados Unidos de América mantuvieron con respeto la democracia durante todo el siglo XX y lo poco que llevamos del siglo XXI hasta el...

Lecciones que dejan las elecciones de Bolivia, de EE. UU. y la crisis de Perú

La crisis institucional en Perú y los recientes comicios presidenciales en Bolivia y EE. UU., pese a las enormes diferencias que existen entre ambos países,...

China: ¿realmente un modelo alternativo?

La última semana de octubre tuvo lugar el primer Seminario Interuniversitario (SIU) virtual organizado por el Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas (CADEP)....