Alejandro Gómez / / 11 de octubre del 2021

Biden y América Latina: ¿qué esperar de la Administración de Biden?

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Las relaciones entre Estados Unidos y América Latina nunca fueron sencillas. De todos modos, siempre se trató de encontrar algún tipo de entendimiento diplomático y económico que permitiera a cada uno obtener lo «suyo», sea lo que ello significa.

Está claro que desde comienzos del siglo XX la impronta norteamericana en la región ha sido la de una potencia tratando de alinear a sus vecinos con sus intereses geopolíticos e ideológicos. Eso se vio reforzado a partir de los años sesenta con la llegada del comunismo a Cuba en plena Guerra Fría. De allí en adelante, la injerencia estadounidense ha pasado por diferentes etapas hasta llegar a nuestros días.

Las relaciones entre Estados Unidos y América Latina nunca fueron sencillas.

El anteúltimo de estos episodios fue el liderado por el expresidente Donald Trump, cuya política hacia la región podría calificarse como desinteresada. Dentro de su retórica nacionalista de «América primero» y su enfrentamiento con China y Rusia, dejó de lado los intereses de sus vecinos, lo cual, paradójicamente, allanó el camino para la profundización de las relaciones entre América Latina y los dos países a los que Trump decía enfrentar.

No obstante, a partir de enero de 2021, con la asunción de Joe Biden en la Casa Blanca, se anticipa un nuevo acercamiento hacia la región. ¿Qué cambios se pueden esperar a partir de este momento? ¿Cuáles son los temas más importantes a tener en cuenta? ¿Qué papel juegan China y Rusia en la política de EE. UU. en la región? 

En las últimas elecciones presidenciales, dos de cada tres latinos votaron por Joe Biden; pero esta no es la única razón por la cual deberíamos esperar un cambio en la política norteamericana en la región. Lo que nos da un indicio de este cambio es que Joe Biden conoce como pocos los vericuetos y las peculiaridades de la política en América Latina. 

En las últimas elecciones presidenciales, dos de cada tres latinos votaron por Joe Biden.

Como vicepresidente de Barack Obama visitó la región en 16 ocasiones, siendo el presidente o vicepresidente que más veces estuvo en el territorio. Además, si se tienen en cuenta sus antecedentes de votación en el Senado, se podrá ver que Biden es un moderado con ciertas tendencias conservadoras cuando se trata de acuerdos económicos y algo más liberal cuando vamos al terreno humanitario, como derechos humanos y migración.

Una relación compleja

Un indicio de cómo será su política es nombrar a Juan Sebastian Gonzalez, nacido en Colombia, como el nuevo director de Asuntos Hemisféricos en el Consejo de Seguridad Nacional —NSC—. Además, desde enero ya se tomaron algunas medidas importantes, por ejemplo: en primer lugar, dejar de lado la teoría del segundo eje del mal —el primero fue el de Bush hijo con Irak, Irán y Siria— que había planteado Trump con Venezuela, Cuba y Nicaragua; segundo, se anunció que Cuba será excluida de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, y en tercer lugar, se le concedió el Estatus de Protección Temporal —TPS— a 320 000 venezolanos exiliados. 

A esto se le puede sumar que Biden se enfrenta a dos potencias que le disputan su zona de influencia: por un lado, está la China de Xi Jinping y, por el otro, la Rusia de Vladimir Putin. Si no tenemos en cuenta la presencia de estos dos países en la región, no podremos comprender las decisiones políticas de Estados Unidos en el continente. Dicho esto, podemos ver el mapa estratégico norteamericano enfrentando 4 o 5 problemas por resolver: desde el punto de vista político, Cuba, Venezuela y el eje México-Centroamérica; desde el punto de vista estratégico, la cuestión de la inmigración, las drogas y la corrupción; desde el punto de vista humanitario, el tema de los derechos humanos y el cambio climático —este último es un tema que ha ocupado especialmente la atención de Biden—.

El tema que más preocupa a Biden es la creciente influencia de China en la región, ya que ello implica un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos.

De todos estos temas, el que más preocupa a Biden es la creciente influencia de China en la región, ya que ello implica un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos. El avance chino en Sudamérica ha ido a más en la última década, especialmente en aquellos países donde han predominado Gobiernos de corte populista. De momento, solo México es el país con más fuertes nexos económicos con Estados Unidos; el resto de la región se ha volcado del lado de China, con muchos países dependiendo casi totalmente del país asiático. Un ejemplo se encuentra en el caso de Ecuador, que exporta el 100 % de su petróleo a China. 

México y Centroamérica

En sus primeras semanas en el gobierno, Biden ha tomado una postura diferente hacia la región; de todos modos, 4 años de la diplomacia del miedo de Trump han generado una gran desconfianza hacia Washington. A esto se le suma una precaria condición económica para la mayoría de los habitantes de estos países y un aumento exponencial de la violencia encabezada por las maras, lo cual impulsa a muchos de sus pobladores a buscar refugio en Estados Unidos, emprendiendo una ruta que los lleva por México hacia el norte —lo cual alimenta el surgimiento de las mafias de traficantes de personas—.

La pregunta es si los esfuerzos de Biden darán resultado esta vez; ya que, bajo el Gobierno de Obama y con Biden como vicepresidente, se intentó hacer lo mismo sin ningún resultado positivo a la vista.

Cuba

El caso Cuba es el de más larga data; la política de acercamiento impulsada por Obama fue borrada de un plumazo por el Gobierno de Trump, quien en 2017 sumó a Cuba a la lista de países que apoyan al terrorismo internacional junto con Siria, Corea del Norte e Irán. Por este motivo, una de las primeras medidas que propuso Biden fue la de quitar a Cuba de esa lista. De todos modos, ello no implica volver a la «diplomacia del béisbol» —llamaba así por la camaradería que se observó entre Raúl Castro y Barak Obama durante un juego de pelota en el que se los vio charlando distendidamente en la visita que el expresidente hiciera a la isla—.

Quizá, como muestra de cambio de aires, también Biden opte por rechazar la puesta en marcha de la Ley Helms-Burton, que en su título III permite que los ciudadanos norteamericanos demanden contra empresas internacionales por utilizar propiedades confiscadas por el régimen de Fidel Castro. Esta norma, que fue suspendida desde 1996, se había vuelto a activar bajo la presidencia de Trump.

Venezuela

 «¿Qué enfoque podría adoptar en Venezuela?» es la pregunta del momento. Luego de unos meses en los que parecía que la oposición lograba hacer tambalear el Gobierno dictatorial, desde el estallido de la pandemia de la COVID-19, las cosas en este país parecen haber vuelto a la «normalidad» para Maduro. Pobreza, crimen organizado y narcotráfico someten a millones de venezolanos que buscan asilo en los países vecinos. En este caso lo que más preocupa a Estados Unidos es la violación de los derechos humanos y las conexiones del dictador con el terrorismo internacional.

Biden debe revertir el enfoque de Trump hacia Venezuela si pretende encaminar el régimen de Maduro hacia una democracia con cierto grado de legitimidad. La otra dificultad que encontrará es que la oposición al régimen está totalmente fragmentada. Para lograr avances en este país, se necesita un involucramiento mayor de todos los países del continente americano; ya que Estados Unidos por sí solo no podrá hacer frente al problema político y humanitario de Venezuela.

Para lograr avances en Venezuela, se necesita un involucramiento mayor de todos los países del continente americano; ya que Estados Unidos por sí solo no podrá hacer frente al problema político y humanitario de Venezuela.

En este sentido, una primera medida que muestra un cambio importante con respecto a los venezolanos que buscan asilo en Estados Unidos fue la de otorgar una protección temporaria para los que llegan al territorio estadounidense. La otra diferencia, con respecto al enfoque de Trump, es la de buscar terminar con las sanciones unilaterales que no dieron resultados. Para ello, Biden impulsará un acuerdo con los países europeos y sus aliados que permita establecer un diálogo más fluido con Maduro y convencerlo de llamar a elecciones libres y limpias.

La influencia china y rusa en la región

Desde comienzos del siglo XXI, la influencia china en América Latina no ha parado de crecer. En este sentido, la errática política norteamericana de los últimos años ha sido funcional a los intereses del país asiático en la región. Por este motivo, cualquier intento de entender la estrategia norteamericana hacia sus vecinos continentales solo puede y debe ser entendida bajo la presencia china.

Ya ha pasado el momento en el cual Estados Unidos unilateralmente decidía sobre el destino del continente. Hoy cualquier iniciativa que se tome debe tener presente no solo la injerencia china, sino también rusa. En este caso se trata de dos enfoques de país y sociedad los que están en juego, más allá de que lo que más les interesa a las tres grandes potencias —EE. UU., China y Rusia— sea sacar provecho económico y geoestratégico de la región. Así, cualquier medida política impulsada por Estados Unidos en la región estará condicionada por la presencia de Rusia y China.

De acuerdo con diferentes analistas, Biden deberá buscar algún tipo de colaboración con China y Rusia en la región, en lugar de aplicar las políticas de choque implementadas por Trump. Si Estados Unidos no se involucra más en la región, puede perder una porción significativa de su influencia en esta; ya que, además de los miles de millones de dólares que China importa en commodities desde América Latina, también ha profundizado su presencia con bases militares y ha invertido agresivamente en sectores relacionados con la infraestructura estratégica. A esto se le debe sumar que, durante la presidencia de Trump, México se convirtió en el mayor socio comercial de China en la región.

Durante la presidencia de Trump, México se convirtió en el mayor socio comercial de China en la región.

Por su parte, la injerencia rusa en la región es cada vez mayor y, teniendo en cuenta lo que ha hecho en otros países, como Ucrania y Siria, no habría que dejar de considerar las consecuencias nefastas si Estados Unidos no se involucra más, en vistas del tipo de regímenes populistas que imperan en el continente —los cuales se identifican más con el comportamiento autoritario de Putin—.

Si sumamos al análisis el contexto de la pandemia de la COVID-19, se aprecia una estrategia muy bien implementada por China y Rusia con su «diplomacia de las vacunas», la cual se vio claramente reflejada en la región, donde hay países como Argentina que dependen casi exclusivamente del envío de vacunas por parte de estos dos países.

Consideraciones finales

Richard Lapper, un exeditor para América Latina del Financial Times, señala que «no deberíamos esperar cambios drásticos para la región, dado que América Latina siempre estuvo bien abajo en la agenda de Washington». De todos modos, se abre una nueva ventana de oportunidad para América Latina y para Estados Unidos en su relación de «amor-odio».

Como se ha señalado, en esta oportunidad, la presencia de China y Rusia en la región hará que Estados Unidos preste más atención, porque, de lo contrario, podría encontrarse con potencias rivales en el «patio trasero» de su casa. Solo resta ver qué fichas moverá la administración de Biden. De momento no se observan grandes cambios, aunque no debería tomarse mucho tiempo; ya que cada día que pasa la presencia rusa y china se hace más fuerte en la región.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor. Las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la UFM.

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Alejandro Gómez

Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella, Master of Arts de la University of Chicago y Profesor de Historia de la Universidad de Belgrano en Argentina. Profesor visitante en la UFM.

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